Entropía del desamor


El mundo se deshace lentamente, Jandro, también en Padín, lo que pasa es que tú no te das cuenta. Es uno de los principios básicos de la termodinámica: absolutamente todo en el universo sucede de tal manera que aumenta el desorden, la entropía. ¿No recuerdas lo que os enseñó Iribarnegaray Jado, el profesor de físico-química de Emilio?

La existencia es solo una vacua resistencia contra la continua disgregación de las cosas y no hay nada que podamos hacer, nos agrade o no, es lo que hay. Un proceso irreversible… No me mires así, por favor. Mira este vaso de agua, ¿ves? Le echo un azucarillo. Ahora fíjate: el azúcar es un sólido estructurado, tiene una disposición molecular que forma una red ordenada, es lo que denominaríamos un sólido con estructura cristalina. En un sistema aislado, sin variaciones de presión y temperatura, hubiera permanecido así siempre, pero si meto la cucharilla en el vaso y la giro en el sentido de las agujas del reloj el azúcar se va disolviendo. Ya no es un cristal, Jandro.

Se disuelve, ahora sus moléculas están desordenadas en el disolvente. Con este gesto tan sencillo la entropía del universo ha aumentado y, mira, aunque gire la cucharilla en el sentido contrario, el azúcar no recupera su estructura ordenada de azucarillo, su estructura original. ¿Lo entiendes, verdad? Es irreversible, la entropía aumenta, así sucede siempre en el universo. Las cosas no vuelven a ser lo que eran.

Jandro, en la terraza del Castelao del García Bayón, suspira ante su amante: «Lo entiendo, lo entiendo. Pero… pero es que yo aún te quiero».

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