Moderna burocracia (II)

Alicia Fernández LA CRIBA

BARBANZA

09 abr 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Al hilo del anterior comentario sobre el tema, quería compartir con ustedes una experiencia casi mística o paranormal. La sufrí -¡tal cual!- hace una semana. Como no podía acceder a mi factura electrónica en la web de Movistar, a la que casi me obligaron a suscribirme en sustitución de la de papel, realicé varios intentos para que alguien me explicara por qué, sin mi permiso me habían cambiado las claves de acceso. Después de muchas esperas, de pasarme de uno a otro hasta que se cortaba la llamada, en ocasiones de tener serios problemas para entender a quien me hablaba, no obtuve respuesta.

A esas alturas, con el cabreo consiguiente por la pérdida de tiempo y tan surrealista situación, opté por hacer la jugada del Chepas y pedir que me volviesen a la factura en papel. Vuelta a un viacrucis de llamadas, a explicar otras tantas veces «mi problema», a facilitar mis datos a cada operadora -tengo la sensación de que me conoce toda la plantilla- y, con una espera de 29 minutos y 45 segundos incluida, conseguí mi propósito; anunciado de forma rimbombante por la persona que me atendía: «A partir de este mes recibirá usted la factura en su domicilio».

Pasadas unas horas recibo un correo electrónico que me anunciaba: «Bienvenido a la factura sin papel». Con dos bemoles y sin anestesia. A día de hoy, tampoco he recibido los duplicados que me aseguraron enviarían a mi casa en un plazo máximo de seis días. Durante las esperas, además de una música chirriante, repiten una y otra vez que «debido a las circunstancias actuales lamentamos no poder ofrecerle el nivel de servicios deseado».