«El impacto de las vacunas en las residencias ha sido impresionante»

Ana Lorenzo Fernández
ana lorenzo RIBEIRA / LA VOZ

BARBANZA

Ignacio Novo trabaja como internista en el hospital de Barbanza y fue el responsable médico en Porta do Camiño y en el Cegadi
Ignacio Novo trabaja como internista en el hospital de Barbanza y fue el responsable médico en Porta do Camiño y en el Cegadi Sandra Alonso

Ignacio Novo cree que es pronto para bajar la guardia porque hay muchas mutaciones del virus

05 abr 2021 . Actualizado a las 09:57 h.

Sin apenas tiempo para pensarlo, el año pasado Ignacio Novo (Vilalba, 1982) tuvo que dejar precipitadamente su puesto de internista en el hospital de Barbanza para hacerse cargo del centro Porta do Camiño, unas instalaciones a donde se derivaron a los usuarios de residencias que se contagiaron de covid. Tras el verano, en octubre se ponía al frente del Centro Galego de Desenvolvemento Integral (Cegadi) de Salgueiriños, que en marzo cerraba al reducirse los positivos en los centros de mayores.

-¿Cómo fueron estas dos experiencias?

-Distintas. En Porta do Camiño fue todo muy acelerado, brusco, desconocido, vertiginoso... Todavía no se sabía mucho y, seguramente, habría cosas que se podrían haber mejorado. Sin embargo, creo que la asistencia que se prestó a los pacientes fue bastante buena y la mortalidad no fue excesiva. Yo lo definiría como: hicimos todo lo que pudimos.

-¿Cómo acabó poniéndose al frente de este proyecto?

-El 25 de marzo del año pasado estaba trabajando aquí y me llamó el director médico del área sanitaria sobre la una. Me dijo que tenía que empezar ya. Cogí el coche y esa tarde ya estaba en Santiago, sin tiempo para pensarlo porque dos días después ya comenzamos a recibir enfermos.

-¿Cuántos pacientes estuvieron en Porta do Camiño?

-No muchos, pero fue todo muy abrupto porque de repente nos pusimos con 75 enfermos. No hubo muchos más, porque en total fueron 84 en dos meses.

-En octubre abría el Cegadi, ¿cómo vivió esas nuevas olas?

-La primera diferencia es que el centro está muchísimo mejor, nunca se había usado, estaba adaptado para gente con movilidad reducida, es amplísimo y hasta bonito. Lo había visitado en junio y, cuando empezaron los brotes en septiembre y octubre, se fue preparando con tiempo el material y el personal, y los pacientes no llegaron tan de golpe. No tuvo nada que ver con Porta do Camiño, nos dio tiempo a organizar todo y el sitio hace mucho. Los pacientes allí se podían mover, comer juntos, pasear, ver la tele, salir a la terraza... La vida que podían hacer allí era mejor que en una residencia.

-¿Pero hubo más ingresos?

-Sí, porque en el Cegadi estuvimos cuatro meses, teníamos 60 camas que tuvimos ocupadas sobre todo en el mes de enero, y el total de pacientes fueron 288.

-¿Cómo llegaban los pacientes al Cegadi? ¿Tenían miedo?

-No, yo creo que tenían más miedo a quedarse en las residencias cuando había un brote, o a que no se les atendiese. En general, la gente percibía que llevarlos al Cegadi era hacer un esfuerzo por ellos y, en este caso, el centro les gustaba muchísimo. Muchos decían al llegar: «Home, aquí si que hai cartos, como se nota». Y luego allí podían estar sin mascarilla porque todos eran contagiados, podían moverse libremente, y lo percibían como algo bueno. Una señora me llegó a decir que valía la pena coger el coronavirus para estar en un sitio como aquel. Y otro dato es que cuando se tenían que marchar no querían, alguno se fue llorando. En general, yo creo que la percepción fue muy buena.

-Muchos contagiados en la residencia de Ribeira fueron allí.

-Los brotes más grandes que tuvimos en enero fueron el de Arzúa y el de Ribeira. En este último centro habían recibido la primera dosis, pero seguramente el contagio se produjo antes. Fue complicado de explicar, no a los residentes, sino a sus familias, les creó mucha angustia porque no entendían que pasara cuando ya habían recibido una inyección. Creo que las noticias de las vacunas fueron demasiado optimistas. Obviamente es una cosa magnífica y está demostrando una eficacia tremenda, pero no iba a ser todo de golpe. Ahí pecamos todos de cantar victoria demasiado pronto. El impacto de la vacunas en las residencias fue impresionante una vez que ya pasó el período adecuado y que tienen las dos dosis puestas.

Aunque va lenta, la vacunación es el primer paso para poder plantar cara al covid, aunque Ignacio Novo cree que no se puede bajar la guardia.

-¿Ya no habrá que volver a reabrir el Cegadi?

-Ojalá, pero yo tampoco cantaría victoria, porque existen muchas mutaciones del virus, y hay que volver a vacunarse el año que viene. Creo que no hay que relajarse excesivamente en ningún ámbito, y en las residencias menos con lo que lleva sufrido esa gente. Ojalá no vuelva a ningún centro de estos, pero yo dejaría los recursos disponibles.

-La peor parte fueron los fallecidos, ¿cómo se lleva eso?

-Esta vez, como ya teníamos experiencia, desde el principio hicimos muchas videollamadas con los familiares y, cuando teníamos pacientes que iban mal, permitimos alguna visita, sobre todo a aquellos que veíamos claramente que iban a fallecer, aunque algunos fueron de golpe y no pudimos hacer nada. Pero, en casi todos los casos, los pacientes que murieron recibieron una visita o varias supervisadas por nosotros, y con equipos de protección. Sí hubo una diferencia con respecto a Porta do Camiño, el poder despedir a una persona que fallece por covid es importante, y también ayuda a entenderlo. Pienso que en esta ocasión lo logramos mejor que la primera vez. Obviamente no deja de ser un momento complicado, y tuvimos cosas tremendas: de Ribeira se murió un hombre relativamente joven que estaba ingresado con su madre y ella sobrevivió.

-¿Cómo se lleva eso psicológicamente?

-Hay que mentalizarse, no es que no te afecte, pero te deja mentalmente muy cansado. Íbamos preparados para eso y saber que iba a llegar la vacuna te hace pensar que hay un final, y eso siempre ayuda. Luego, conseguimos tener una mortalidad más baja que la primera vez, un 12 %. Nos quedamos con la parte buena, sino nos vendríamos abajo.