No eres tú, es el mundo


La mayoría de la gente percibe que no se pondera suficientemente la importancia de su área de conocimiento. ¿Cómo no te va a interesar la física, si todo en el universo es física? Te dirá el físico. Todo es química, te dirá el químico. Todo es filosofía, te dirá el filósofo. Todo es política, te dirá un pesado. Todo es artículo, te diría yo, que también soy bastante pesado.

Todo es artículo. En los paseos que doy con mi mujer por Coroso, donde ella ve el mar yo veo un artículo. Donde otros ven un cangrejo, yo veo un artículo. Pasar todo por el tamiz de la pluma para transcribirlo con ínfulas homéricas es mi gracia y mi desgracia. Este es el conocido «síndrome del observador perpetuo» que me acabo de inventar y que me incapacita para disfrutar el momento.

Cuando acabo de escribir miro lo que queda de mí frente al espejo y me pregunto si soy peor (o mejor) que otros. Y la verdad es que no lo soy, tan solo veo que he encontrado un camino. Doy pasos. Aún hay días tristes, pero vamos tirando. Feliz a veces, con menos cosas de las que creía que necesitaba. Y me pregunto qué hice tanto tiempo coleccionando mentiras o llenándome de rencor porque el planeta no giraba a mi alrededor. Intentado ser alguien, alguien que no era. Alguien que ni siquiera quería ser. Estamos hechos de trocitos de las personas y las canciones que han pasado por aquí. No te culpes mucho en estos tiempos. Estás jodida, pero no eres tú, es el mundo. Tengo ganas de que todo esto acabe, para hacer un artículo, para darte mi palabra: vamos a sobrevivir, aunque muramos en el intento.

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