«A pesar de todas las protecciones, asumes riesgos personales»

La enfermera de Ribeira Marina Díaz atiende a pacientes con covid en un centro médico de Barcelona

Marina Díaz, enfermera de Ribeira en Barcelona
Marina Díaz, enfermera de Ribeira en Barcelona

Ribeira / La Voz

Pongamos que son las ocho de la mañana. El día comienza con más o menos normalidad para muchas personas, pero otras acaban de terminarlo. La ribeirense Marina Díaz es enfermera en dos centros médicos de Cataluña, el Teknon de Barcelona y el hospital de Vic, y sus jornadas empiezan cuando el sol ya está puesto y terminan con la luz del día. Trabaja en uci y en urgencias, dependiendo del lugar en el que tenga guardia, y sus pacientes suelen tener coronavirus. La rutina que sigue no es la misma que hace un año, no solo por la forma de realizar su labor, sino también por todas las protecciones que debe usar a diario para evitar el contagio.

«El covid nos cambió la vida. Tienes que adaptarte, como a todo, pero a veces cuesta estar tres horas vestida con todos los elementos de seguridad atendiendo a un paciente aislado. El calor dificulta el trabajo y a veces es tanto que casi llegas a desmayarte», cuenta Díaz. Cada vez que entra en un box de la uci para ocuparse de un enfermo con coronavirus tiene que enfundarse dos pares de guantes, dos gorros, la mascarilla FPP-3, la quirúrgica, la pantalla, los patucos y la bata. «Al principio de la pandemia tardaba más de diez minutos en vestirme y desvestirme, ahora con la práctica lleva algo menos», explica.

Díaz señala que con el paso del tiempo el conocimiento para tratar a los pacientes mejoró y la forma de protegerse también. «No se sabía nada, ni cómo hacer frente al virus ni cómo vestirnos de la forma correcta para atender a los enfermos sin contagiarnos», apunta la ribeirense. Al encargarse de los enfermos con covid está más expuesta al virus ya que se encuentra en primera línea. «A pesar de todas las medidas y protecciones, asumes riesgos personales. Nunca sabes qué puede pasar».

Sin descanso

La pandemia trajo consigo la suspensión de las vacaciones de los sanitarios. «Nos denegaron todo. Parece que somos inmortales y podemos con todo, pero necesitamos descansar para poder atender a los pacientes con garantías», apunta Díaz, que tan solo contó con una semana de desconexión en el 2020 en la que pudo visitar a su familia en Ribeira. «Por un lado quieres volver a casa, pero por otro sufres por ellos. Hace un año que no abrazo a mis abuelos. Es duro», sostiene.

Los sanitarios cuentan con que se produzca una tercera ola por los desplazamientos y los encuentros producidos en las últimas semanas por la Navidad. «Las personas creen que es todo muy fácil, pero eso es porque no ven la realidad que vivimos en los hospitales. Si vieran en primera persona lo que es un día en una uci no se irían de botellón ni se saltarían las medidas», puntualiza la ribeirense.

A pesar de tratar diariamente con personas contagiadas con coronavirus, no se realizan controles ni pruebas para conocer el estado de los profesionales. «Solamente nos hacen test si tenemos contacto directo y estrecho con un contagiado. Si estamos más de media hora con un positivo sin cumplir las distancias ni llevar mascarilla. Dan por hecho que atiendes a los pacientes con protección, pero no es infalible», afirma Díaz.

Estas son las segundas Navidades que Marina pasa sin el calor familiar, aunque asume esta realidad de la mejor forma posible ya que su vocación es ayudar a los demás. «Nuestra labor es importante para la sociedad y me gusta lo que hago», comenta.

Despidió el 2020 y recibió el 2021 en su puesto de trabajo, pero pudo encontrar un hueco para desconectar y celebrar el cambio de año con tres amigas y un deseo en mente: que esta situación pase pronto.

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