Vivir del arte

Emilio Sanmamed
Emilio Sanmamed LIJA Y TERCIOPELO

BARBANZA

16 dic 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Mi mujer dice que tengo mal perder. Yo creía que no. Tampoco creía que roncaba hasta que me enseñó un vídeo mío donde parecía Pavarotti en Venecia, por tanto, si ella lo dice será cierto: ronco y tengo mal perder. Eso explica la vara que le di con aquel capítulo del Quijote, donde el caballero andante advierte a un escritor sobre el verdadero mérito de los premios: quedar segundo, porque el primero siempre cae sobre un «apadrinado». Y todo porque yo había quedado de segundo en un certamen de poesía, claro.

En ocasiones es bueno aprender a celebrar en soledad nuestro gran verso, nuestra gran melodía, nuestro mejor cuadro, lo que sea, pero nuestro. Sostener ese instante de triunfo entre las manos, a solas con nuestra emoción. Y no rendirse, aunque los «triunfadores» cambien de acera o nos miren con condescendencia, como si crear algo de la nada fuese solo un hobby, un pasatiempos. No. Grítale a esos espejos cóncavos: ¡mi obra es mi destino! Defiende tu carácter, defiende tu universo. Eres escritor o dibujante o escultor… ya vences al tiempo solo con serlo. No necesitas ni un aplauso más.

Quizá tu mujer desearía que fueras distinto, quizá tus amigos desearían que fueras distinto, quizá tu padre desearía que fueras distinto. Pero no lo puedes evitar, el lunes juras que lo dejas y el jueves vuelves al folio. Mis respetos, artista, hermano, ya que de la poesía no se puede vivir si es buena y verdadera. La mejor de las poetas, Alejandra Pizarnik, escribió su último verso en una pizarra mientras agonizaba. ¿Vivir de la poesía? ¿Estás de coña? De la poesía se muere.