Las invisibles colas del hambre en Barbanza

Las organizaciones benéficas articulan mecanismos para garantizar el anonimato de los usuarios, pero la demanda de ayuda no para de crecer


Ribeira / La Voz

En estas fechas es habitual que proliferen las campañas de recogida de alimentos, pero este año estas iniciativas son, si cabe, más necesarias que nunca. La crisis provocada por el coronavirus, con cierres de negocios, ERTE y el confinamiento que lo paralizó todo durante semanas, vació las reservas con las que contaban las entidades benéficas que operan en la comarca. Y aunque, a diferencia de lo que ocurre en las grandes urbes, en Barbanza no se ven filas de personas esperando a recoger su lote de comida, sí existen colas del hambre, aunque sean invisibles.

Evitar exponer públicamente a quienes acuden a entidades como Cáritas en busca de ayuda es una de las prioridades de los voluntarios que trabajan en la comarca, y se articulan mecanismos para preservar la intimidad y anonimato de los usuarios, desde el establecimiento de horarios para la entrega de alimentos de forma escalonada hasta el reparto a domicilio o la habilitación de teléfonos y correos electrónicos para contactar con todas las garantías de confidencialidad.

Aunque no se ven colas en la puerta, la cifra de familias que necesitan su ayuda aumenta tras el bajón experimentado en los meses estivales: «Temos arredor de 108 familias, e están ascendendo. Empezamos o covid con 75, tivemos unha baixada no verán, pero no outono comezou a repuntar. E seguramente chegue algunha máis antes do Nadal», explica Juan Carlos Pérez Oviedo, presidente de Cáritas de Noia.

No es el único que habla de un incremento de la demanda, a pesar de que, como advierte la muradana María José Lamela, el perfil del usuario ha cambiado: «A xente tarda moitísimo en vir, a pesar de que teña necesidades reais. Hai persoas que vivían relativamente ben e cústalles vir, dálles reparo e para elas pedir a axuda de Cáritas era o último». Esto, que haya ciudadanos que lo necesiten pero que se resistan a recurrir a este tipo de entidades, preocupa y mucho a sus responsables: «Poden acudir a nós con toda a confianza, temos un protocolo e protección de datos moi ríxido e o que non queremos é que alguén que o precisa queden sen axuda», remarca Pérez Oviedo.

También en Porto do Son, la asociación Loa, que atiende a más de veinte familias, apunta en esta dirección: «Xente que ata agora viviu ben cústalle pedir axuda, pero estamos notando un incremento da demanda», afirma su presidenta, Mabel González.

En vista de la evolución de la pandemia de covid y de sus consecuencias socioeconómicas, la previsión es que la demanda de alimentos y otro tipo de ayudas vaya en aumento en los próximos meses, por eso es tan importante la campaña navideña que ya han puesto en marcha las entidades barbanzanas.

Bancos de alimentos

«Esperábamos la avalancha de esta segunda ola, por eso nos decidimos a hacer la campaña de Navidad. En marzo quedamos muy colgados de alimentos y necesitábamos tener cobertura para cubrir esta etapa. Cuando empezamos la recogida el viernes pasado no teníamos ni un litro de leche», explica Lupe Tubío, de Cáritas de Boiro, que destaca la excepcional respuesta que están recibiendo por parte de la ciudadanía: «Estamos desbordados, todos los días tenemos que ir a vaciar los carros que tenemos en los supermercados porque se llenan. La concienciación es total, la verdad es que dada la situación no esperábamos que fuese tan bien».

En Noia la campaña acaba de arrancar y desde Cáritas hacen un llamamiento a la participación: «A xente está colaborando, pero insistimos en que nos axuden porque o inverno vai ser moi duro». La crisis mermó los fondos económicos con los que cuentan para cubrir gastos como el butano o los alquileres, y en cuanto a alimentos hay pocas reservas de aceite, leche y cacao, fundamentales en la dieta de los más pequeños: «Comer temos que comer todos, pero onde hai nenos faise máis costa arriba», apuntan en Loa, mientras en Muros y Carnota inciden en la protección de los menores: «Intentamos que non sufran con esta situación».

Élida, usuaria de Cáritas: «Vinimos a trabajar, pensamos que iba a ser más fácil»

Hace dos años que Élida llegó junto a su marido y sus dos hijos menores de edad a Boiro procedentes de Argentina. En su país la situación se estaba complicando y decidieron poner tierra de por medio en buscar de un futuro mejor y, aunque les está costando más de lo que creían, no pierden la esperanza de que las cosas mejoren pronto. Mientras tanto, reciben apoyo tanto de Cáritas como de la Cruz Roja, y esta madre de familia de muestra muy agradecida porque se sienten muy arropados: «Siempre están pendientes de lo que necesitamos, nos llaman para ver cómo estamos, nos avisan si hay algún trabajo para nosotros... Nos sentimos muy acompañados».

Cuenta Élida que al llegar a Boiro se las apañaban solos, pero luego les hablaron de la ayuda que les podían prestar en Cáritas y acudieron a ellos: «Llegas aquí solo, no conoces a nadie y no sabes a quién acudir».

Refuerzo escolar

Para ella la prioridad son sus hijos, y también en ese aspecto han recibido el respaldo que necesitan: «Se preocupan mucho por los chicos. Durante el confinamiento no podíamos acceder al aula virtual del colegio, y en Cáritas se ocupaban de conseguir las fotocopias que necesitaban para que pudiesen trabajar. En la Cruz Roja también están siempre pendientes de los niños para darles refuerzo escolar».

La verdad es que es incómodo, porque nosotros en Argentina nunca necesitamos ayudas»

Ni Élida ni su marido tienen trabajo ahora, entre otras razones porque no han podido regularizar su situación: «Tienen que pasar tres años para que podamos arreglar los papeles, y esa es la ilusión que tenemos, que en cuanto tengamos papeles no tengamos que depender de ayudas. La verdad es que es incómodo, porque nosotros en Argentina nunca necesitamos ayudas. Vinimos para trabajar, pensamos que iba a ser más fácil, no esperábamos que fuera tan complicado conseguir los papeles». Pese a todo, asegura que están contentos y no se arrepienten de haberlo dejado todo para probar suerte en Boiro: «Este es un lindo lugar, no hay discriminación y los chicos se adaptaron muy rápido, están tranquilos y contentos aquí, y para nosotros es un alivio. Siempre nos han tratado con respeto y en el colegio se preocupan mucho por los chicos».

Ahora, Élida y su marido realizan trabajos esporádicos que les van saliendo mientras mantienen intactas sus ilusiones: «Mi marido era operario en la construcción y ahora hace falta gente, esa es nuestra esperanza, arreglar los papeles para trabajar».

Más de 200 familias se aferran a la tarjeta básica para sobrevivir a la crisis

Marta Gómez

Se trata de un recurso destinado a la compra de productos de primera necesidad

La paralización de toda actividad no esencial tras la irrupción del coronavirus hizo estragos en muchas economías familiares. Por momentos, las entidades benéficas, también las que operan en territorio barbanzano, se vieron desbordadas ante las peticiones de ayuda. La reincorporación de muchos trabajadores que estaban en ERTE alivió la situación, sin embargo, los efectos de la crisis sanitaria siguen vigentes, y perdurarán, por lo que en el verano la Xunta y la Cruz Roja pusieron en marcha un nuevo recurso de ayuda inmediata. Se trata de la tarjeta básica, a la que se aferran más de 200 familias de la comarca para sobrevivir a las secuelas económicas del covid.

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