«Estabamos máis controlados os que demos negativo que o que tiña coronavirus»

O Andreíña de Noia reabrió sus puertas después de que sus dueños pasaran una cuarentena que se alargó varios días de más


Ribeira / la voz

Cuando su hermana empezó a encontrarse mal y sin saber todavía si tenía coronavirus, Esperanza Barreiro ya tomó una decisión drástica: «Antes de que ninguén me mandara pechar, eu xa baixara o enreixado. Fun a primeira en ser responsable, porque quero que todo isto acabe canto antes». Sin embargo, ni en sus peores pesadillas pensaba que iba a pasar dos semanas tan angustiosas y sin saber muy bien qué hacer.

La noiesa, que regenta con su familia el bar O Andreíña, explica que «todo foi un descontrol desde o minuto cero. Primeiro nos explicaron que si o resto dabamos negativo nas PCR, podíamos abrir o negocio. Logo cambiaron e dixeron que tiñamos que pechar e estar en corentena dez días, e que transcorrido ese período nos desconfinaban, pero ao final non foi así e estivemos tres máis».

De hecho, cuando ya tenían todas sus esperanzas puestas en poder salir a la calle el viernes, les comunicaron que, según el nuevo protocolo aprobado la semana pasada, para poder liberarlas debían de pasar otra prueba de detección del virus. «Estabamos máis controlados os que demos negativo que o que tiña coronavirus, e non paraban de repetir que se nos saltabamos o confinamento eran 3.000 euros de multa», apunta indignada.

Alargar su encierro sin una justificación razonable fue la gota que colmó el vaso y Esperanza Barreiro no pudo más y explotó. Llegó un momento en el que ni el rastreador de la Brilat que estaba siguiendo sus casos ni en el centro de salud de Noia le sabían explicar muy bien quién le tenía que dar cita para realizar esa nueva PCR para poder salir de casa, y ella entendía que debían hacerla cuanto antes porque ya habían cumplido el período de confinamiento obligatorio. Después de realizar cerca de treinta llamadas al ambulatorio para contactar con su médico de cabecera, consiguió que este registrara las solicitudes de las pruebas, pero no fue hasta el domingo cuando las avisaron para acudir a hacerlas a Santiago.

«Chegamos vinte minutos antes da cita e non había ninguén esperando para facer os test. Eu podo entender que si hai moita demanda tardaran tantos días en darnos a vez, pero eu fun a facer tres PCR en dúas semanas e nunca había xente agardando», afirma la noiesa, que critica la falta de organización en todo el seguimiento de los contagiados y sus familiares.

Saltarse las normas

Barreiro confiesa que estos últimos días se sintió impotente y llena de rabia, porque había organizado todo para poder reabrir su negocio el fin de semana, y todo se truncó por tener que realizar las nuevas pruebas, cuyos resultados conocieron aún el martes por la mañana. «Despois disto eu podo entender á xente que se salta as normas, porque a realidade é que non che facilitan nada. Todo o que vivimos foi un pesadelo», confiesa la propietaria de O Andreíña, que afirma que llegó a perder los papeles cuando no conseguía que nadie le diera cita para poder hacer las últimas PCR.

«Si son dez días, son dez días, e xa teñen que ter previsto facer esas segundas probas nese tempo, non esperar dous ou tres máis», insiste, al mismo tiempo que reconoce que todo este episodio «fastidioume moito psicoloxicamente, estaba que me daba cabezazos contras as paredes».

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