Neoliberales


L os triunfadores deben el éxito a sus méritos y esfuerzo, mientras que los perdedores son responsables de su fracaso. Este es, en esencia, el predicamento neoliberal con el que, basándose en falsas premisas de libertad e igualdad para todos los ciudadanos, trata el neoliberalismo de justificar su doctrina. Todos tienen las mismas oportunidades -vienen a decir-, pero como unos son más listos y se esfuerzan más, logran triunfar en la vida. Esto me recuerda al chascarrillo que se cuenta acerca del enriquecimiento de Ford, el padre de la automoción americana; aquel que decía que, con lo que había ganado vendiendo periódicos de niño y el millón de dólares heredado de su abuelo, había logrado salir adelante.

Si dejamos de lado algunas excepciones que posiblemente todos podemos conocer, sobre personas carentes de aliciente en la vida y que lo mismo les da una cosa que la otra, y miramos a nuestro alrededor, nos encontraremos con algunos que, viniendo de la casi nada, lograron triunfar a base de esfuerzo y sacrificio; y otros que, trabajando como cabrones y rompiéndose los cuernos con el esfuerzo, no han logrado salir de pobres.

Y también hay quienes habiendo heredado una buena posición económica, no tardaron en fracasar. Naturalmente, sabemos de muchos que consiguieron triunfar en los negocios que acometieron y aumentaron su riqueza a base de indiscutible esfuerzo.

Pero, ¿qué decir de aquellos que jamás dispusieron de posibilidad alguna para prosperar? ¿O de aquellos otros a quienes su gran esfuerzo solo les permitía reventar su cuerpo trabajando a destajo para alimentar a los suyos? ¿Se les puede calificar de vagos o ineptos? Claro que no; aunque, visto desde la perspectiva neoliberal, «esa gente» de algún pie cojea, carecen de lo que ellos eufemísticamente llaman méritos o son unos vagos que no se esforzaron lo suficiente.

Las demás circunstancias sociales son peccata minuta. Así, cierran los ojos ante la realidad, no queriendo reconocer que quien haya nacido pobre y en una casa con precarios medios, no puede compararse ni competir con alguien que haya mamado desde niño las mieles de los tratos de favor y de las influyentes relaciones sociales con los más poderosos que, más pronto que tarde, les allanarán el camino hacia una mayor prosperidad.

Los neoliberales, con su falta de cristiana solidaridad, niegan el estado del bienestar sustentado en el gasto público. Y el ejemplo más palpable de lo injusto y carente de sensibilidad social de este sistema capitalista que defienden las derechas, lo vemos en los períodos de crisis: los ricos se enriquecen más y los pobres pierden poder adquisitivo. Que nadie nos haga creer que eso es cuestión de méritos y de esfuerzo.

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