ribeira / la voz

Con pena rememoraban ayer los pobrenses aquellos días grandes del Nazareno, cuando la gente que participaba en la procesión y abarrotaba las calles se contaba por millares, cuando decenas de autobuses de excursionistas llenaban la zona portuaria, cuando solo los madrugadores lograban aparcar a una distancia razonable del centro. La estampa que ofrecía ayer la localidad era totalmente distinta. El todopoderoso santo recibió su homenaje, pero sin ataúdes ni túnicas moradas y ni siquiera se llenaron en ninguna de las tres misas celebradas al aire libre las 500 sillas dispuestas por la organización.

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«O que era o Nazareno. Vendo isto ata me entran ganas de chorar»