La caza, una actividad que está en peligro de extinción en Barbanza

El censo de aficionados se redujo a la mitad en una década, porque no tiene tirón entre los más jóvenes y escasean las especies


mazaricos / la voz

La caza pierde adeptos a pasos agigantados en territorio barbanzano. Lo confirma el hecho de que la nueva temporada -se prolongará entre el 18 de octubre y el 6 de enero- arrancará con un total de 660 licencias en la zona, casi la mitad de las que había hace poco más de una década. Esta caída tan importante en el número de aficionados responde, según reconocen desde diferentes colectivos, a un cúmulo de factores negativos, alguno de los cuales parece tener difícil solución a corto y medio plazo.

PERCEPCIÓN

Rechazo social. «Cada vez existe unha percepción máis negativa sobre a imaxe do cazador, promovida principalmente polas agrupacións animalistas. Existe un movemento anticaza que se vale das redes sociais para expandir unha mensaxe que dista moito de ser a real», apunta José María Álvarez, presidente de la Federación Provincial de Caza, que no duda en calificar al colectivo de cazadores como «os máis convencidos naturalistas, pois facemos moito máis polo monte do que pensa e fai moita desa xente». Para el representante provincial de los aficionados son necesarias campañas de sensibilización para dar a conocer la actividad cinegética, principalmente entre la población más joven. «Eu teño ido a dar charlas a institutos e agora mesmo a percepción que teñen os mozos de nós é totalmente irreal».

aficionados

Relevo generacional. Esa imagen negativa del colectivo, principalmente entre la juventud, dificulta otro de los aspectos que más condiciona el mantenimiento de la actividad cinegética en territorio barbanzano: el relevo generacional. Aunque no existen datos oficiales sobre la edad media de los aficionados en la zona, miembros de colectivos como los de Rianxo o Boiro no dudan en situarla por encima de los 55 años. «Resulta complicado atraer aos mozos cando dende a propia escola os están mentalizando de que somos pouco menos que asasinos. Os poucos afeccionados que pode haber, porque seus pais ou seus avós tamén son cazadores, séntense coaccionados por un contorno que pensa que a caza é algo que ten que desaparecer», explica Miguel Cambeiro, presidente de los cazadores de Carnota.

permisos y material

Gasto elevado. Para este deportista, que también regenta una armería en Ordes, la propia Administración también está dificultando el acercamiento de los jóvenes a la caza exigiendo la superación de diferentes pruebas que, en algunos casos, pueden costar algo más de 400 euros. Tampoco el material para iniciarse en esta actividad resulta barato, por lo que puede convertirse en otro contratiempo importante para los cazadores de menor edad. El precio de una escopeta de iniciación raramente baja de los 700 euros, mientras que el resto del equipamiento acostumbra a superar los 200. A todo ello hay que unir otros 150 del coste de la licencia, los seguros y el permiso del coto.

montes

Escasez de capturas. A todo lo anterior hay que sumar otro aspecto que para los entendidos no resulta menor: cada día hay menos que cazar en los montes de la comarca. En lo referente a la caza menor -perdices y conejos, fundamentalmente-, existe un amplio consenso en que cada campaña es peor que la anterior. Las causas son múltiples y van desde el abandono del monte a la presencia excesiva de depredadores, en su mayoría aves rapaces, pasando por enfermedades como la mixomatosis que cada año diezma de forma importante la población de conejos de la comarca.

«Todas as sociedades gastamos importantes cantidades de diñeiro en repoboar toda a zona, pero dificilmente se consegue o obxectivo de aumentar a poboación de determinadas especies», explica Ramón Paz, portavoz de los cazadores mazaricanos, que insiste en la necesidad de realizar una planificación a varios años vista o, de lo contrario, «aquí só quedará o xabaril».

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