El policía de A Pobra que salvó la vida a un vecino: «Nunca olvidaré el momento en el que abrió los ojos, me miró y luego se volvió a ir»

Marcos Rodríguez, un agente de la Policía Local de A Pobra, logró resucitar a un vecino después de 45 minutos de masajes


ribeira / la voz

«Cuando llegué a la habitación estaba negro, yo lo vi muerto». Todavía angustiada, la pobrense Loli González relata cómo vivió uno de los peores momentos de su vida, y que afortunadamente terminó con final feliz. Todo gracias a su particular ángel de la guarda, el policía local Marcos Rodríguez, que pudo devolver a su marido, Manuel Maneiro, al mundo de los vivos.

Todo ocurrió a los pocos días de decretarse el estado de alarma. «Habíamos estado preparando unas cosas para el nieto que iba a nacer y también estuvimos caminando un poco por la huerta. Manolo dijo que se iba a duchar y, al salir de la bañera me comentó que se encontraba algo mareado y, de repente, se cayó redondo al suelo». Al principio, Loli pensó que le estaba gastando una broma, pero pronto descubrió que no era así. Fue a buscar el móvil para llamar a emergencias y, cuando regresó a la habitación, sintió que ya lo había perdido.

Se puso tan nerviosa que ya no pudo marcar ningún número, así que salió a la calle y comenzó a pedir ayuda. Varios vecinos acudieron al oír los gritos, pero la fortuna hizo que justo en ese momento pasara por la carretera una patrulla de la Policía Local. «Al entrar en casa, yo no paraba de repetir que mi marido estaba muerto, y Marcos me preguntó que dónde estaba. Así que se fue a la habitación y empezó a realizarle un masaje», recuerda.

«Había que intentarlo»

El agente nunca se había visto en una situación similar, «pero había que intentarlo», confiesa el policía pobrense, que no fue consciente de todo el tiempo que dedicó a resucitar a Maneiro. «Para mí fueron como 20 minutos. Es que se fue y vino varias veces. Nunca olvidaré el momento en el que abrió los ojos, me miró y se volvió a ir. Fue como si me dijera que estaba vivo, y luego lo volví a perder».

Sin embargo, no sería así y finalmente consiguió que este vecino de O Campiño volviera a la vida, y eso que el apoyo sanitario tardó en llegar. «Como acababa de empezar el confinamiento, había un poco de descontrol. Primero vino una ambulancia sin médico y sin soporte vital, y luego vino otra que tampoco traía al médico y hubo que ir a buscarlo al centro de salud». Y, mientras tanto, Marcos no cesaba en su empeño y seguía con las maniobras de reanimación, lo que provocó que le rompiera el esternón. «Pero eso fue lo de menos, porque mi marido está vivo gracias a él», apunta Loli González.

Tras pasar por el hospital en el que le pusieron un DAI -un desfibrilador automático que puede detectar un ritmo cardíaco anómalo en un paciente-, Maneiro y su mujer estuvieron varias semanas en casa de su hija para que pudiera recuperarse, y luego siguieron el confinamiento en su vivienda. Aunque ya habían agradecido a Marcos que le salvara la vida, esta semana quisieron decírselo en persona.

Así que se trasladaron a las dependencias de la Policía Local de A Pobra y «acabamos llorando los tres», explica Loli González, que aprovechó la visita para pedirle al jefe de los municipales, Toni Millán, que tenía que hacer constar este gran mérito en el expediente de Marcos Rodríguez. Este agradeció el gesto, pero lo que más le llenó de satisfacción fue «que vi a Maneiro estupendo, estaba realmente bien». Y todo gracias a él.

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