Manuel Paz: Un ganador en los escenarios y las pistas

M. x. Blanco RIBEIRA / LA VOZ

BARBANZA

MARCOS CREO

Triunfó con Los Tamara y Los Cinco de Europa, y ahora no para de colgarse medallas como corredor

06 sep 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Ilusión, ganas de superar retos y un carácter jovial. Esta es la receta del éxito de Manuel Paz, un noiés que presume de haber cumplido sus sueños. Saboreó las mieles del éxito en el mundo de la música, una pasión que heredó de su abuelo, el gran Felipe Paz Carbajal, y ahora, cumplidos los 87, triunfa en las pistas de atletismo. Estos días, si el covid no hubiera irrumpido, estaría en Toronto tratando de superar la última meta que se ha marcado: lograr un triunfo a nivel mundial para dedicárselo a su querida Noia, una tranquila tierra que cambió por el bullicio de Madrid con 25 años. En aquel momento, ya había contribuido a escribir uno de los capítulos más importantes de la historia musical de la localidad.

La música corría por sus venas incluso antes de nacer: «Ya la escuchaba en la barriga de mi madre, pues mi padre era profesor». Con él se estrenó ante el público, con solo 7 añitos: «Gané los primeros cinco duros como violinista en la iglesia de San Cosme». Y dejándose encandilar por una agrupación vasca durante una actuación en el Noela, a mediados de la década de los 50, tuvo clara la primera meta a alcanzar: «Supe que quería formar parte de un grupo músico-vocal y, al regresar del servicio militar, impulsé la creación de Los Tamara».

Dos puntos y aparte

Pero cuando el mítico grupo estaba en pleno auge, dos años y medio después de su fundación, Manuel Paz decidió seguir otro camino: «A nivel musical, el futuro era muy prometedor, pero a nivel económico no lo era tanto. Acabábamos el mes sin una peseta en el bolsillo, porque la organización no era buena». Convencido de que su futuro profesional estaba sobre los escenarios, el noiés fundó otro grupo, Los Cinco de Europa, con el que durante tres décadas recorrió cuatro continentes y actuó en los mejores hoteles. Fue una etapa dorada: «Cuando uno ama una profesión, dedicarse a ella es lo que mejor que te puede pasar en la vida».