Postes en plena calle


La existencia de postes de Unión Fenosa y Telefónica en plena calle constituye algo así como un signo de identidad de los pueblos de Barbanza. Aunque también hay quien opina que son ejemplo de la ineficacia de sus gobernantes.

-¡Pero si pasa en todos os concellos!, Retruca un adicto defensor de políticos.

-Pois por iso, responde el otro.

Pero dicho esto, hay postes que deberían dejarse en donde están. Después de tanto tiempo, pasan a ser señales de identificación de los lugares.

-Cando chegues ao poste que está na metade da rúa despois de pasar a rotonda, torces a esquerda. Halo de ver ben... ten unha cinta de coloriños ao redor, non tes perda.

Este es un típico. Pero también los hay ornamentales, tal que aquel que se encontró un poste preciosamente cubierto de hiedras y otras plantas y su comentario fue: «Qué bonito, qué pena que haya nacido en plena calle».

Nosotros los lugareños, estamos tan acostumbrados a verlos y padecerlos que el día que supriman los postes que tanto nos caracterizan y dicen de nuestros gobernantes, nos vamos a sentir raros y preocupados. Pensaremos que los mandatarios rompieron relaciones con las dos poderosas firmas y nos van a dejar sin luz y sin teléfono. Eso sí que no. Hay que llevarse bien con esas empresas que nos hacen tantos favores por llevar la luz y las comunicaciones a casi todos los lugares.

-Os andamios e os colectores das obras teño que retiralos canto antes, e por culpa dese poste non me entra o camión. Se quejaba un constructor.

-Bueno, bueno, non compares. So faltaría… Ti non es máis ca un simple albanel.

Según me cuentan, si al ampliar una calle, un poste se queda en medio, la responsabilidad es del ayuntamiento, por ponerse a ampliar calles en perjuicio de los pobres postes que estaban allí desde siempre. Por lo visto, el espacio público que ocupan las elegantes columnas, pasa a ser propiedad de las empresas que se benefician de tales servicios.

O sea: los concellos les dan permiso a estas firmas para instalar los postes sin causar daño a terceros; pero los dueños de la luz y del teléfono entienden que, el daño sobrevenido en forma de malestar y de porrazos contra ellos, se convierte en responsabilidad de los mandatarios políticos, y por ende del erario público, por atreverse a ampliar las calles. El mundo al revés.

¡Cuántos palos se podrían hacer con esos postes y cuántas autoridades se moverían al sentirlos!.

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