La costa barbanzana, un paraíso idílico en el que aprender a surfear

Las escuelas destacan la calidad de las playas para iniciarse con seguridad en el mundillo

a. S.
Ribeira / La Voz

Lanzarse al mar y deslizarse por el agua en la tabla es una actividad cada vez más común en las costas gallegas. El surf se ha hecho progresivamente más accesible a todo el mundo gracias a la creación de un nutrido número de academias compuestas por profesionales que ayudan a coger las primeras olas. «Nosotros antes nos tirábamos al agua sin saber nada, ahora hay escuelas gracias a las cuales la gente puede iniciarse de manera segura y eficaz», indica Hipólito Mariño, presidente del club Arealonga.

Una tendencia que, señalan los propietarios de diferentes academia, ha ido asentándose en los últimos años. «Se nota mucho más interés. Normalmente la temporada era julio y agosto. En cinco años, aproximadamente, pasó a ser de junio a septiembre», explica Pablo Aguado, responsable de la Escuela de Surf As Furnas. Por su parte, Alexandre Sebastián, gerente de Grip Surf School, asegura que es un deporte que «está en auge. Cada año lo notamos más».

Espacios idílicos

El surf llegó hace relativamente poco a las costas barbanzanas, pero todo apunta que lo hizo para quedarse. «Podemos elegir las playas en función de la previsión meteorológica», señala como una de las principales características de la zona de O Vilar Helmut Bande, profesor y propietario de Gecko’s Surf. Mariño, que surfea entre Arealonga y As Furnas, destaca de la comarca que «hay mucha costa y esto te da alternativas. Tenemos la suerte de vivir en un paraíso idílico para hacer surf». La escuela As Furnas se trasladó hace años al arenal de Río Sieira. «Está protegida del viento y tiene los fondos ideales. Reúne las condiciones perfectas», explica Aguado. De las playas de Corrubedo, Sebastián destaca: «Tenemos condiciones para todos los días del año. De 365 podemos dar clase 320».

Además de la seguridad que aporta meterse en el mar acompañado de un profesional, las escuelas de surf de la comarca proporcionan material homologado y seguros. Durante el año ofrecen clases para todas las edades y niveles. Aunque lo común es que sean los jóvenes los más interesados: «Ahora notamos un bum en pandillas de gente entre 30 y 40 años», afirma Aguado.

No es de extrañar, ya que el surf se convirtió, en un verano tan peculiar como este, en una atractiva alternativa: «Es un deporte al aire libre y formamos grupos. No tienes contacto con nadie más», apunta Sebastián.

Normalmente, al imaginar una clase de surf se piensa en pasarlo bien, pero también es una forma de liberar tensiones: «Es un deporte muy terapéutico. En el agua te olvidas de todo», asegura Mariño. Motivos más que suficientes para consolidarse en la cresta de la ola deportiva.

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