Despertador


Encrucijada

Si no fuese por «el coronavirus malo» -como dice mi hijo-, este podría haber sido uno de los mejores veranos de los últimos años. El sol no ha querido dejarnos solos con esta pandemia y ha decorado el cielo durante todo el mes de julio y parte de junio, como una especie de augurio de que, cuando comience a llover, volveremos a tener que encerrarnos de nuevo.

Pero, mientras esperamos y confiamos en que esto no ocurra, el verano va pasando poco a poco y mañana le daremos carpetazo a julio para recibir a un agosto más incierto que nunca. El mes por excelencia de los turistas llega este año un poco descafeinado, con un gran número de visitantes que aterrizan en este rincón de Galicia pensando que estamos tan lejos que el virus ni se nos arrima. Aunque también están los que tienen tanto miedo a contagiarse, que evitan mantener contacto con otras personas, e incluso podrían salir de casa envueltos en plástico para no tocar a nada ni a nadie.

Está claro que no será un verano normal, no habrá verbenas, ni fiestas gastronómicas, ni grandes conciertos, ni celebraciones populares. Pocas bombas de palenque explotarán en el cielo y los fuegos artificiales se guardarán para el próximo año, si es que se puede. Solo nos queda disfrutar del espectáculo de lujo de la naturaleza que nos rodea, playas enormes con aguas cristalinas y arena blanca, cascadas infinitas donde refrescarse, paisajes de ensueño para disfrutar de las mejores puestas de sol y caminos escarpados para llegar a los mejores miradores. Y todo gratis, y pensando que el despertador no volverá a sonar hasta septiembre.

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