Manuel Ramón Resúa: El hombre que crea arte en miniatura

El rianxeiro ha completado una réplica de su casa, con ultramarinos y panadería

m. x. b.
ribeira / la voz

Manuel Ramón Resúa empezó a navegar con apenas 17 años. Tan solo dos después conocía a la perfección cada detalle de su barco. Por aquel entonces, no era conscientes de que algún día ese mismo mercante, en miniatura, tendría un lugar privilegiado en su vida y en la de su nieto.

Vecino de Rianxo, Resúa comenzó a crear maquetas hace aproximadamente una década. Se trata de una afición muy arraigada en Galicia, donde es común que en los puertos cada armador tenga una réplica de su barco en casa. Algo similar le pasó a él, que años después mantenía en su cabeza la estructura de aquel primer mercante que le había acogido cuando era todavía un crío. Empezó a desarrollar una creciente curiosidad por este mundo, hasta que se decidió a comprar, en Campelo, el material necesario para crear su primera maqueta.

En sus ratos libres, se puso a darle forma a su obra, una reproducción del barco en el que había trabajado por primera vez. Meses después, presentó el resultado final a su familia y fue su nieto quien recibió este especial regalo. Su nieta, al verlo, le pidió que le hiciese otro para ella, pero su abuelo le dijo que el suyo sería diferente. En una oficina de turismo solicitó una serie de folletos sobre cruceros. Algo tan simple sirvió de base para darle forma a su segunda creación, un crucero de madera prensada que incorporaba una gran novedad: luz interior. De este modo, y un poco por amor, Resúa dio comienzo a lo que hoy define como una vocación.

Las visitas a distintos puntos de la costa gallega le sirvieron de inspiración para ir creando los ejemplares que le solicitaban los familiares, asombrados por su capacidad artística. Tres veleros de tres palos y dos barcos de vela, como los que se veían comúnmente por la ría de Arousa, fueron sus siguientes obras.

El trabajo de modelista comenzó a ser más habitual, algo a lo que se dedicaba cada vez que encontraba un rato libre. Ya casi de manera profesional, se sumergía en cada maqueta con ilusión y empeño. Después de haber realizado varios barcos, la cada vez mayor profesionalización de sus proyectos lo llevó a querer adentrarse en nuevos mundos, por lo que se planteó cuál podría ser su próximo ejemplar. En esta ocasión, fue su hija quien le encargó una, por lo que fue la casa en la que vivía, precisamente, su siguiente representación.

Cada vez con más obras, decidió reacondicionar la bodega de su propia vivienda para colocar sus creaciones a modo de exposición. Cinco barcos y una casa eran las maquetas disponibles hasta el momento, pero meses de trabajo después presenta y exhibe su última obra: una reproducción en chapa de un metro de largo y 40 centímetros de ancho de su propia casa, en la que representa cada detalle del edificio, con la panadería y el ultramarinos incluidos: «Quixen que tivese todos os detalles. Ten luz incorporada, ao fondo do corredor está o taquillón, o toldo da tenda co nome gravado, os carteis...», explica.

Aprender día a día

A pesar de la práctica y la experiencia, Resúa reconoce que cada día es uno nuevo para aprender, algo de lo que se concienció con esta última maqueta: «Primeiro fixen as fiestras e despois os cortaaugas, e non me dei conta do erro ata que vin que non me cabían. Isto obrigoume a desfacer toda esta parte e comezala outra vez». Casi una década después, continúa aprendiendo como siempre lo hizo: practicando.

Pero la maña y el esfuerzo no son los únicos factores que entran en juego en las creaciones de Resúa, sino también la que es, para él, la más importante, la inspiración: «Non sabemos para que tanto dá a cabeza. Eu aprendino todo practicando, pero non todos os días son capaz de traballar o mesmo. Cando non estou inspirado abandono todo. Se cadra ás horas, ou ao mellor ao día seguinte, cando sinto que a inspiración volveu, continúo».

Recién terminada la maqueta de su casa, ya sabe cuál será la próxima, un proyecto muy diferente a todo lo anterior. La idea nació en una visita a un balneario, donde vio las imágenes del incendio en la catedral de Notre Dame. Casi como un reflejo, fue consciente de que esta será, muy posiblemente, la siguiente obra que se pueda ver en su particular exposición.

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