El coronavirus ha borrado de la agenda festiva de la comarca numerosas citas, pero la crisis sanitaria no pudo con la romería de San Benito de Seráns, que ayer se celebró cumpliendo unas estrictas normas de distanciamiento. Unas ochenta personas participaron en la misa solemne que se celebró a las 13.00 horas, y que además del párroco titular de esta iglesia, Julio Cárdenas, también se contó con la presencia de los sacerdotes Gelasio Rodríguez, Ricardo Villaverde y Hans René Díaz.

«El comportamiento de la gente ha sido extraordinario, porque nos han dado una lección de orden y de responsabilidad», aplaudió Cárdenas, que también fue el encargado de llevar la voz cantante en la tradicional subasta de gallos y gallinas. «Fue mucho mejor que la del año pasado, y se llegaron a pagar 53 euros por el macho y 20 por una hembra que pone tres huevos al día».

Sin procesión

Durante toda la jornada se sucedieron las misas, en las que se limitó la entrada debido a la escasa capacidad de la iglesia, pero se colocaron unos altavoces en el exterior para que la ceremonia pudiera ser seguida por más personas. Muchas de ellas se desplazaron al municipio sonense para pedirle al santo que obrase el milagro e hiciese desaparecer sus verrugas.

Como consecuencia de la pandemia, este año se decidió suspender la tradicional procesión, y tampoco se contó con los habituales puestos de pulpo y churrasco, que normalmente atraen a un mayor número de personas.

Los que no faltaron a la cita fueron un grupo de vecinos que participaron en una ruta de senderismo, que a primera hora de la mañana partió del puerto sonense para recorrer los 23 kilómetros que separan este punto de la ermita de Seráns.

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San Benito de Seráns se impuso al covid-19