Madrileñofobia


El otro día atendí estupefacta la llamada de un madrileño indignado -no quería que se publicase su queja, simplemente quería desahogarse y se ve que la consulta con el psicólogo es más cara- por la madrileñofobia que por lo visto se ha implantado en nuestra comarca. Una zona, por cierto, que visitó una vez y a la que nunca volvió porque, al parecer, aquí todo el mundo va borracho en el coche a 300 kilómetros por hora y por eso hubo tantos muertos en la antigua vía rápida. Así que a él, a ellos, a los madrileños, lecciones desde la periferia, las justas. Lo que ocurre es que a mí sus argumentos me parecen más bien simplistas, y más propios de una barbanzanofobia o gallegofobia que pretende darnos lecciones a los demás desde una posición de superioridad.

Una de las cosas que me llamó la atención de la perorata es que el hombre no había caído en que existía esa madrileñofobia hasta que lo escuchó de boca de su presidenta, Díaz Ayuso. Y entonces sí, se puso a investigar en Internet, y su reacción inmediata fue la de rechazo y desprecio absoluto hacia nuestra tierra. El mismo que seguramente sentirán algunos o muchos de sus conciudadanos y que es el resultado del discurso del odio y el enfrentamiento que emana de forma constante de una parte de la clase política y que, visto lo visto, sobran personas dispuestas a comprar. Por si hay alguna duda, no existe la fobia a los madrileños. El que quiera es bien venido, y el que no, que no venga, pero lecciones, las justas. Por cierto, que quien critica que aquí haya temor a que vengan personas de otras regiones es el mismo que cuestiona que se abra Barajas a visitantes de otros países porque, ellos sí, traen el virus consigo.

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