Trampas para ciclistas: «Unha ou dúas veces ao ano aparecen cousas deste tipo»

La presencia de obstáculos en medio de senderos es puntual, pero no infrecuente

Foto de archivo de un accidente provocado por una trampa en la bajada del monte de A Cidade
Foto de archivo de un accidente provocado por una trampa en la bajada del monte de A Cidade

Ribeira / La Voz

La aparición de unos troncos en medio de un sendero utilizado por ciclistas en el monte ribeirense de O Facho ha reabierto la polémica sobre una práctica que, aunque puntual, no es infrecuente en la comarca, y quienes conocen bien los circuitos abiertos en distintos puntos de la zona coinciden en una cosa: «Quen coloca este tipo de trampas nos camiños é xente allea ao deporte, que segue pensando que o monte ten que estar blindado».

Lo más habitual es encontrarse en plena bajada por el monte con troncos, ramas o piedras cortando el paso, incluso agujeros en el suelo, que pueden tener consecuencias fatales para los deportistas: «É moi perigoso. Quen fai iso quere provocar un dano, porque hai sitios polos que baixas moi rápido e non che dá tempo a nada», explica el presidente de la peña rianxeira Castro Barbudo, que reconoce que en la zona de Rianxo y Boiro que ellos frecuentan nunca han tenido ningún percance causado por trampas: «Intentamos non molestar e non facer mal e nunca tivemos problemas. Si temos atopado cousas, pero non colocadas a propósito».

En Ribeira, en cambio, sí hay algunos puntos en los que este tipo de práctica se repite: «Unha ou dúas veces ao ano aparecen cousas deste tipo», señala el deportista Breixo Ventoso. En O Facho es la primera vez que se denuncia algo así, pero existen otras zonas más problemáticas, como explica Manuel Parada: «Na Garita é onde máis aparecen, paus e pedras sobre todo».

Propiedades privadas

Apunta a que muchas veces el problema está en el desconocimiento: «Hai moitas parcelas privadas e ao non estar delimitadas podes meterte sen sabelo nunha propiedade particular. Hai a quen lle dá igual que pases, pero tamén hai persoas ás que lles molesta». En el caso concreto de A Garita, Parada cuenta que hace unas semanas se encontraron con unos obstáculos en un punto por el que ya habían pasado media hora antes: «Podes facerte moito dano, porque baixas confiado e altas velocidades, e cando vas en bicicleta é o corpo o que leva todo o golpe».

No es que haya enfrentamientos con los propietarios de los terrenos, pero a veces aparecen trampas y podría evitarse: «É máis fácil avisar, se nos din que non podemos pasar ou poñen un letreiro de propiedade privada nós buscariamos unha alternativa».

La bajada del monte de A Cidade o, en menor medida, San Alberto son otros de los puntos en los que se han detectado trampas, al igual que el parque periurbano de San Roque: «Hai un acceso que desde sempre usan as bicicletas e sempre aparecen paus atravesados cortando o camiño, é constante», apunta Eduardo Iglesias, que señala que aunque se coloquen unas simples ramas puede tener graves consecuencias: «Poden metérseche na roda e fanche un boa avaría».

Un deportista resultó herido bajando de A Cidade en el 2017

La última trampa aparecida en los montes ribeirenses no tuvo consecuencias, pero no sería la primera vez que alguien resulta herido debido a la colocación de obstáculos en medio de un camino. Hace tres años, un ciclista acabó con sus huesos en el suelo al tropezar con unas piedras colocadas a propósito cuando bajaba el monte de A Cidade y sufrió lesiones leves. Los deportistas que conocen la zona sitúan en este lugar de la ciudad uno de los puntos más conflictivos. 

El ramaje resultante de las talas es otro de los problemas que se denuncian

Hay algunos puntos conflictivos, pero en otros circuitos utilizados habitualmente por ciclistas como pueden ser el monte Tahume, A Curota o Iroite no suelen aparecer trampas. Sin embargo, los deportistas denuncian otro tipo de prácticas que, aunque no tienen la intención de provocar daños a terceros, son igualmente peligrosas, y apuntan a las empresas madereras: «Pasan coa maquinaria para quitar a madeira e destrozan os camiños, e moitas veces deixan toda a ramallada tirada no monte e inutilizan os accesos». El ribeirense Eduardo Iglesias se muestra muy crítico con esta forma de actuar y cuenta que él mismo estuvo a punto de sufrir un accidente a causa de las ramas resultantes de las talas, además del peligro que supone en caso de que haya un incendio.

No es el único deportista de la zona que alude a esta situación. Anxo Lorenzo, del Club Ciclista Sonense, también lamenta la dejadez que impera en este tipo de actuaciones, sobre todo ante el volumen de talas que se están realizando para cumplir con las franjas de seguridad contra los incendios: «É un problema que está afectando a todo o mundo, a nós, a xente que fai sendeirismo, aos motoristas, quads, xinetes... Están os camiños cheos de ramaxe e estamos todos denunciando esta situación, non sei como o consenten».

Una trampa localizada en pistas de Gondomar en el año 2018
Una trampa localizada en pistas de Gondomar en el año 2018

Un fenómeno en descenso desde las protestas del año 2015

m. p. v.

La colocación de trampas para ciclistas en Galicia vivió su peor momento entre los años 2013 y 2015. En montes pontevedreses de O Baixo Miño e Val Miñor llegaron a aparecer cables metálicos atados entre dos árboles a metro y medio de altura. En el municipio ourensano de A Rúa de Valdeorras se colocaban tablas con puntas para ahuyentar a motoristas y ciclistas. Pero la página más negra se escribió en septiembre del 2014 en el monte Alba. El ciclista vigués Diego González impactó contra una gran piedra colocada en medio del camino. El accidente lo dejó en una silla de ruedas. El caso llegó a los juzgados. La Audiencia de Pontevedra consideró claro que la piedra había sido puesta en el lugar a propósito, pero no se pudo concluir quiénes lo habían hecho.

La indignación del colectivo ciclista llegó a sus máximos a finales del 2015 y se expresó en forma de manifestación. También ese año el fiscal de Pontevedra advirtió que, si las trampas llegaban a provocar alguna muerte, podría considerarse asesinato.

«Dende aquel momento, as trampas desapareceron de golpe, polo menos en Pontevedra», dice Quique Pérez, portavoz de la asociación Pedaladas. Añade que incluso algunos propietarios privados empezaron a señalizar con plásticos las alambradas de cierre de sus parcelas para hacerlas más visibles y menos peligrosas. Por todo ello, y a pesar de la reaparición puntual de trampas en algunas zonas de Galicia, Pérez habla de cinco años de calma y de la desaparición de la sensación de inseguridad con la que llegaron a salir al monte.

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