Pistoleros de Texas


Texas es grande. Sumando el territorio de España, más dos veces Portugal, la superficie resultante es aún un poquito más pequeña que la de ese enorme estado. Tan grande es que, para anexionarse a los Estados Unidos, cuentan que exigió se mantuviese su derecho a declararse independiente cuando así lo decidiesen la mayoría de sus ciudadanos. Las cosas que pasan en ese gran estado también son forzosamente grandes y a veces, como no, exageradas.

Decía un americano con el que mantuve negocios que, cuanto mayor es el sombrero de los texanos, menor es el número de cabezas de ganado que posee: «Big hat no cows». Y también un texano de Houston, al que tuve unos días en Palmeira con sus botas y su sombrero de cowboy, hablando de lo fanfarrones que suelen ser los vaqueros, decía que los pistoleros de Texas disparan y luego pintan la diana con el impacto de la bala en el mismo centro.

Recordando esa última expresión, me di cuenta de lo parecidos que somos los humanos, sean estos de Texas, de Madrid, de Galicia o de cualquiera de las otras quince comunidades autónomas de España. ¿Quién en sus pronósticos a toro pasado no ha dicho que había que haber actuado antes para frenar la pandemia del covid-19? ¿Quién no dijo estar convencido de la importancia para la propagación del virus de las manifestaciones celebradas en toda España el 8 de marzo? ¿Cuántos, en el supuesto de que las manifestaciones, los mítines y los partidos de fútbol no se hubieran celebrado, habríamos disparado el verbo, diciendo que las decisiones de suspenderlas carecían de fundamento? Incluso muchos (en eso de verdad que no me incluyo, no por listo, sino por ignorante en epidemiología), pensaban que la decisión de optar por la inmunidad de rebaño -¡menuda expresión!-, tal que Reino Unido y Suecia, conducirían al frenado natural de la infección. Y así les fue, a pesar de lo inteligentes y avanzados que supuestamente están.

Pues a lo que iba. En la mayoría de los casos, todos hemos disparado alguna vez al estilo de los pistoleros de Texas. Allá en donde choque la bala dibujamos la diana y, a poder ser, con el impacto en el centro. Y no hay manera de equivocarse; por eso es así como lo están haciendo los partidos que forman el gobierno y, sobre todo, si me lo permiten sin que les roce la bala, los de la leal oposición.

Lo del sombrero y el poco ganado, esa metáfora que tan bien les viene a algunos mugientes vociferantes, lo dejo para otra ocasión.

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