Incierta vuelta al colegio


Cara y cruz

La existencia de aulas masificadas ya era un problema antes de la llegada del covid-19, un inconveniente para una docencia de calidad al que no se le prestó la suficiente atención. Clases en primaria que llegan a sobrepasar los 25 alumnos, puesto que los repetidores no se tienen en cuenta en la ratio fijada por la Consellería de Educación, y con 30 en los institutos parece, por lo menos a simple vista, que no constituyen el escenario ideal. Pero existen en muchos centros barbanzanos.

A las dificultades que podía suponer hasta la fecha que un solo profesor se hiciera cargo de estas clases, en las que evidentemente convive un grupo heterogéneo de alumnos, con necesidades diversas, todo hace pensar que se sumará en breve el problema de la falta de espacio para guardar ese distanciamiento social que al parecer perdurará más allá del estado de alarma. Y la mayor parte de los centros carecen de espacio para habilitar nuevas aulas, por lo que la contratación de profesorado extra no parece una solución viable para que todos los estudiantes puedan asistir a clases en el mismo horario.

Encontrar una solución rozará, en muchos casos, lo imposible. Establecer turnos de mañana y tarde complicaría aún más la conciliación de unas familias que ya están al borde del ataque de nervios, y compaginar la asistencia con la teleformación desde las casas quedó demostrado que, para la mayoría, no hace sino aumentar el trabajo de los padres.

Ahora es demasiado tarde para tener en cuenta la vieja demanda de reducir las ratios de alumnos por clase.

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