Barbanza busca alternativas a un verano sin fiestas que se avecina

Concellos y asociaciones se resisten por ahora a cancelar y albergan la esperanza de poder realizar actividades de pequeño formato, para un público reducido


ribeira / la voz

Teniendo en cuenta la situación actual y las restricciones que seguro se impondrán durante la larga desescalada, es más que probable que Barbanza se quede, por primera vez en la historia, sin sus grandes fiestas de verano. La gran preocupación de quienes las promueven, en la mayor parte de los casos concellos, es el grave daño que propiciará a nivel económico en sectores que ya están a estas alturas heridos de gravedad. Por ello, hay una resistencia común, por ahora, a dar por perdidas las principales citas lúdicas. Es más, se alberga la esperanza de poder realizar por lo menos actividades de pequeño formato, para un público reducido.

Desde los ayuntamientos y las asociaciones reconocen que la situación pinta muy mal y ven casi imposible celebrar las fiestas con normalidad, pero esperan a que sean la Xunta o el Gobierno central los que mueva ficha. Si ese paso no se produce de aquí a mediados de mayo, sí se empezarán a tomar decisiones y es probable que el primer anuncio de cancelación derive en una caída en cascada de las citas. Hay, de hecho, quien ya tiene sobre la mesa algún plan B, aunque casi nadie se plantea un aplazamiento.

En Boiro saben que la pelota está en su tejado, pues es la localidad que abre el cartel estival: «Os alcaldes temos reunións telemáticas e sei que están esperando a que eu dea un paso nun sentido ou noutro. Somos realistas e vemos case imposible celebralas, pero por agora imos esperar para tomar unha decisión», explicó el regidor, José Ramón Romero. La edila de Cultura, María Outeiral, señaló que no se descarta mantener de alguna forma, aunque sea a través de la Red, la parte cultural, al entender que las verbenas serán las primeras propuestas que caigan.

Desde Ribeira se expresaron en términos similares. Los contratos firmados antes del estado de alarma están vigentes, pero no se han dado pasos nuevos de cara a la organización. En función de como avance la desescalada se analizará la posibilidad de conservar algunas actividades e incluso adaptar otras a los requisitos que se impongan. «Esperaremos ata o último momento para non prexudicar aínda máis aos que están sendo os máis danados pola crise», apuntaron desde el ejecutivo.

También el cartel de citas estivales se mantiene de momento inalterable en Noia. Si la Feira Medieval y el San Bartolomeu son inviables, el concejal encargado de la organización, José Pérez, se mostró partidario de celebrar, en caso de que sea posible, los festivales de arpa y jazz u otras actividades puntuales, aunque para ello sea necesario limitar el aforo y garantizar que se mantienen las distancias.

En Porto do Son, Luis Oujo también se mantiene a la espera: «Non queremos descartar nada de momento porque sabemos que as festas son moi beneficiosas para a hostalaría, un sector que xa está sendo moi castigado». Igual que Inés Monteagudo en Muros: «O ideal sería que houbera información e saber xa se imos poder celebrar festas».

Pequeño Gran Prix

En cuanto a las grandes citas que dependen de asociaciones, la Dorna ribeirense ya anunció que baraja la posibilidad de celebrar alguna actividad sin público y desde la organización del Gran Prix de Carrilanas de Esteiro piensan en algo parecido: «De momento, nós mantemos o plan previsto, pero é certo que temos enriba da mesa outras opcións, como unha pequena baixada coas carrilanas de Esteiro, só para a xente do pobo».

La cofradía de Aguiño también ve peligrar su exaltación del percebe. Desde la entidad explicaron que están dispuestos a mantener la cita aún con restricciones, pues el objetivo es promocionar el producto.

Está claro que nadie quiere dar el primer paso, tomar la decisión de cancelar, por si hay una mínima esperanza de llevar a cabo, aunque sea, discretas actividades que aporten algo de alegría.

La Guadalupe, con las orquestas contratadas y pendiente de los donativos

Difícil es la situación para las fiestas que dependen de los donativos de vecinos y, sobre todo, de hosteleros. Lo reconocen desde la comisión de la Guadalupe, donde orquestas y bandas están contratadas desde octubre: «Non cancelamos nada, pero se finalmente pode haber verbenas, teremos que ter unha xuntanza co pobo para ver con canto diñeiro se conta, porque hai sectores moi afectados que non poden facer as achegas de outros anos». Mantener una semana festiva se perfila casi imposible.

Y otro gran problema es la cancelación de los contratos vigentes. Son varios los festivales que tienen sus carteles casi cerrados. Los organizadores reconocen que, a efectos legales, no es lo mismo cancelar por iniciativa propia que esperar a que se impida desde el Gobierno.

Un posible control del aforo se plantea misión imposible tanto para las grandes fiestas como para los festivales.

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