Fortalecer la democracia


Ribeira

E l trío de las Azores, en el 2003, tomó la decisión de llevarnos a una guerra por una amenaza fantasma: las armas de destrucción masiva en poder de Husein, que resultaron falsas. Con un coste de más de dos billones de dólares que podrían incrementarse a más de seis en las próximas tres décadas y 200.000 muertos, el fracaso acabó con un país arrasado y una inseguridad creciente. La poderosa industria armamentística se puso en marcha sin reparar en gastos. La tecnología de guerra con su máxima cualificación al servicio de los ejércitos para matar. Hoy, ante un enemigo conocido, el coronavirus, que amenaza a toda la humanidad, los líderes occidentales se ponen de perfil, a cubierto, incapaces de establecer unas medidas conjuntas.

El dinero, miedoso, huye presa del pánico, hunde las bolsas, deja a numerosas empresas al borde del abismo, a miles de trabajadores sin empleo para refugiarse, tal vez, en paraísos fiscales. La UE, coleccionista de fracasos estrepitosos (crisis económica del 2008, crisis de refugiados) actúa como un equipo abrumado por la goleada, sin cohesión, buscando cada uno por su lado salvar la cara. Resulta doloroso y desesperanzador que el Parlamento Europeo, donde están todos los representantes de los países de la Unión, haya sido incapaz de tomar una sola medida.

Algunos estados miembros actúan de manera manifiestamente insolidaria, poniendo en riesgo, incluso, el futuro de la propia UE. Mas allá de que el Banco Central Europeo haya puesto tardíamente a disposición 750.000 millones de euros, la política común para atender el problema sanitario y humano está ausente.

La Europa Occidental, dotada de una poderosa tecnología punta, ha sido incapaz de habilitar medios adecuados para atajar las carencias de material sanitario. Ha sido China, la dictadura asiática, la que primero y de manera solidaria, ha acudido en auxilio de las democracias europeas, y tal vez la pionera en alcanzar la vacuna para el coronavirus. EE. UU. dimitió de su liderazgo mundial, Reino Unido está obsesionado con la puerta de salida de la UE y el Consejo Europeo viaja como un buque en medio de la tormenta sin timón ni timonel. Y la gran paradoja: la dictadura China solidaria.

La calidad de la democracia reside en la consistencia de sus tres pilares fundamentales: libertad, igualdad y solidaridad. Seguramente nunca como ahora es imprescindible su fortalecimiento. José Muñiz Santalla. Ribeira

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