El Apóstol se queda sin besos y abrazos

La catedral toma precauciones para evitar el contagio del coronavirus y coloca un vigilante de seguridad en el camarín para evitar que los visitantes toquen la icónica imagen de Santiago


santiago / la voz

El abrazo a la imagen del Apóstol en la catedral de Santiago es el más antiguo de los ritos jacobeos que han llegado a nuestros días. Data del siglo XIII y ha hecho falta una alerta sanitaria mundial para prohibirlo. Por precaución para evitar el contagio del coronavirus, el Cabildo ha tomado la difícil decisión de evitar que los visitantes cumplan con la costumbre y tan solo permite entrar en el camarín, una concesión a la esperanza y a la normalidad, ya que sobre la mesa estuvo la posibilidad de cerrar a cal y canto la bellísima estancia situada en la parte trasera del altar mayor, construida en el siglo XVIII precisamente para dar más lustre y boato al tradicional acto de muestra de respeto al discípulo de Jesús.

La medida ha sido acogida con total tranquilidad. La mayoría, como los sevillanos Rafael y Mariló, advierten que, aunque estuviese permitido, no tocarían ni besarían la imagen. «En Sevilla hay mucha tradición de besar y tocar imágenes y nosotros no lo hacemos», explica esta pareja por cuyas venas corre sangre y espíritu gallego. Ella se apellida Pereira y procede de Tui por línea materna. Él hizo la mili en Galicia y desde entonces no había vuelto. «Lo de menos es el abrazo, lo que nos da pena es no poder ver mucho con tanto andamio», se lamentan. Al salir, están más contentos: «Hemos visto lo importante», se consuelan.

A los peregrinos alemanes Tanja Griese y Torsten Rolfes la medida no les ha chafado el camino, que han completado en bici desde Oporto. Felices y cansados, a ellos tampoco les sorprende que, para evitar la expansión del coronavirus, se tomen unas medidas excepcionales que acataron con disciplina teutónica.

Si difícil fue tomar una decisión así, tampoco fue sencillo implementarla. Las primeras horas fueron ayer de confusión en la catedral, porque no había carteles ni señalando la prohibición de tocar la imagen ni indicando el nuevo recorrido impuesto por las obras y por esta medida. Y es que ahora hay que acceder al camarín por la salida, abandonar la estancia por la entrada y continuar obligatoriamente el recorrido por la cripta para deshacer el camino. A lo largo de la mañana se fueron colocando las cuartillas con las pautas provisionales y los visitantes dejaron de andar perdidos por el templo.

Un grupo de trece estudiantes de segundo de bachillerato del instituto Ánxel Fole de Lugo, con la profesora de Historia del Arte Marián Casado a la cabeza, estaba entre los despistados por la falta de información de las primeras horas de ejecución de la orden de no tocar la imagen de Santiago. «La verdad es que poco vamos a poder ver, porque está todo tapado por las obras», se lamentaba la docente.

La pesadumbre de la profesora es común a todos los visitantes que, eso sí, se consuelan pensando en el esplendor que exhibirá la catedral cuando todos los trabajos estén finalizados. «No nos va a quedar más remedio que volver en el 2021», señalan unas turistas catalanas.

Una vez dentro del camarín, la mayoría de los visitantes sustituyen el abrazo y el beso por una reverencia, como recomienda el Cabildo en el improvisado cartel con el que informa de las restricciones que ha impuesto el coronavirus. Otros se limitan a permanecer en silencio junto a la imagen, quizás rezando, ante la atenta mirada de la vigilante de seguridad, que tiene a su disposición una mascarilla protectora que tiene indicación de utilizar si lo considera necesario.

Horario de 11 a 19 horas

No obstante, el camarín no permanecerá abierto durante todo el día, tan solo de once de la mañana a siete de la tarde, coincidiendo con las horas en las que la catedral puede destinar a un vigilante de forma permanente en la estancia. Como no hay mal que por bien no venga, los visitantes que desafían los inconvenientes de las complejas obras de restauración tienen la suerte de acceder a la imagen del santo y a la cripta que guarda sus restos sin hacer las largas colas que son habituales.

La verdad es que la basílica está inusitadamente vacía estos días pese a que los hosteleros aseguran que hay muchos turistas. Quizás sea por las obras o por prudencia ante el coronavirus, pero el caso es que son pocos los que deambulan por las naves de la basílica, en la que solo están abiertas la capilla de la Corticela -con misa diaria a las 11 horas- y la contigua de Nuestra Señora de la Soledad, que hace honor a su nombre y en la que el cura que confiesa de 10.30 a 12 horas permanece solo la mayor parte del tiempo. Por el momento, impactan más los andamios que el coronavirus. «Nunca vi tantos, pero que no se pueda abrazar al Apóstol es lógico porque se están tomando medidas en todo el mundo», reflexiona el coruñés José Manuel Martínez.

Lavado de manos con un gel desinfectante al completar la visita

No son pocos los visitantes que pese a no haber ni tocado ni abrazado al Apóstol se lavan las manos con gel desinfectante tras salir del camarín. Entre ellos, un grupo de venezolanos formado por Víctor Cruz, de origen gallego, y sus amigos Eduardo Flores y Elena Barreto, por la que corre sangre canaria de la que se muestra muy orgullosa. El primero dejó el país por la crisis y se ha afincado en A Coruña. Al estar frente a Santiago, los tres coincidieron en un pensamiento, solo por detrás del bienestar de sus familias en la lista de prioridades: que Venezuela dejé atrás la pesadilla en la que vive.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos
Comentarios

El Apóstol se queda sin besos y abrazos