El guardapescas de Cabo al que le quemaron el coche: «Houbo épocas duras, pero nunca pasara algo así»

El vigilante explica que el vehículo ardió en cuestión de minutos


Ribeira / La Voz

«Levo vinte e tantos anos traballando como garda rural e estiven en moitas confrarías, pero o que pasa co furtivismo en Cabo de Cruz non o vin en ningunha». Quien habla es uno de los vigilantes del pósito crucense, el mismo que el viernes por la noche vio arder su coche hasta acabar convertido en un amasijo de hierros durante un operativo contra el marisqueo ilegal. Asegura que, después de unos años convulsos, parecía que últimamente los conflictos con los furtivos se habían suavizado, pero este último incidente ha reavivado viejos fantasmas: «En cinco anos ten habido moitos problemas, de acabar no hospital por unha agresión. Houbo épocas duras, pero nunca pasara algo así».

Aunque insiste en que no vio a nadie junto al coche cuando empezó a arder, la cofradía asume que detrás del incendio están furtivos, un incidente que se suma al intento de arrollamiento que sufrieron la semana pasada los guardapescas de Cabo por parte de mariscadores ilegales: «Antes había pelexas, ou pinchábanche as rodas, pero o de baterche co coche ou isto non pasaba». Cuenta que el viernes estaba solo porque acababa de separarse de sus compañeros, que se dirigieron a inspeccionar otra zona: «A cousa estaba tranquila. Cos prismáticos vin a dous na praia, achegueime no coche, aparquei e baixei cara onde estaban eles. Ao verme xa botaron a andar cara o monte, en dirección contraria a onde estaba o coche, e cando me volvín xa vin o lume no capó».

Ignora si había alguien oculto en la zona, pero señala que fue cuestión de segundos y la posibilidad de que un fallo mecánico provocase el fuego le parece poco probable: «Levaba toda a tarde no coche e non tiña ningún problema. Penso que xa estaban a esperar, os dous furtivos que estaban abaixo non foron porque estaban a 200 metros o máis». A pesar de que el coche se quemó en minutos, tuvo tiempo de abrir el vehículo (que había cerrado con llave) y entrar en el habitáculo para sacar algunos objetos.

Sin identificar

El guardapescas tampoco pudo identificar a los dos mariscadores ilegales a los sorprendió en Mañóns, pero cree probable que se tratase de furtivos habituales porque «esta temporada son sempre os mesmos».

Ya los conoce, y sabe que en la mayoría de los casos se trata de toxicómanos: «Normalmente son tranquilos, pero se queren material e non o teñen fan o que sexa». Tras el susto del viernes, no le agrada tener que enfrentarse a los furtivos, pero no queda otra: «E que fago se non? Quédanme dous anos para xubilarme, a onde vou ir agora?».

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