El surf barbanzano y el riesgo que corre de morir, literalmente, de éxito

Incidentes en el agua, masificación de las playas y decenas de rescates cada verano hartan al colectivo


El último incidente ocurrió hace escasas semanas en la playa de As Furnas, en Porto do Son. Viento, mar bravo e inconsciencia, ecuación perfecta para que todo saliera mal. Tres chavales decidieron meterse en el agua. Querían domar las olas, sentirse surfistas. «Hubo uno al que lo pilló el mar y lo lanzó contra las rocas. No sabemos ni como salió de allí». El que habla es Chemita de Paz, subcampeón gallego veterano, que conoce como la palma de su mano cada una de las playas barbanzanas.

No es el único que lanza la voz de alarma. La vieja escuela defiende que el surf se juega morir de éxito en la comarca. «Cuando empieza el verano es una locura», destaca De Paz. Los principales problemas a los que se enfrentan son varios, pero el que entraña más peligro es la proliferación de personas que ven el surf como un deporte que no implica riesgos. «Non se necesitan cinco metros de ola para falecer afogado. Con dous minutos acabouse o xogo», afirma Chema Salanova, uno de los fundadores del primer club de surf de la comarca, el Arealonga.

«Hai un boom moi grande, o surf está de moda. Hai escolas moi responsables, que coñecen o código non escrito de convivencia do mar e que saben e explican como se debe estar na auga. Despois hai outros que alugan material, ou que o compran de segunda man, e atópaste con moita xente que non ten o nivel para estar nun medio perigoso como é o mar», explica el noiés.

Los conflictos en el agua crecen año tras año. Aficionados que tienen que ser rescatados por los veteranos, amateurs que dejan suelta la tabla en el mar y que acaba impactando en otros surfistas, problemas que no cesan. «Se pueden ahogar y nos ponen en peligro a todos. Si te impacta una tabla en la cara puedes acabar sin un ojo», lamenta Chemita de Paz. Raro es el mes en el que no tienen que sacar a una decena de personas del mar, incapaces de volver a tierra ante la fuerza de la corriente. Solo en un día, recuerdan, los surfistas salvaron a varios chavales en tres playas diferentes entre Ribeira y O Son.

La promoción

Pero además de la inconsciencia de aquellos que creen que no corren riesgo en el mar, los reproches se dirigen también hacia las Administraciones que venden el surf como un añadido turístico. «Somos conscientes de que a nosa costa ten tirón e que é necesaria explotala, pero tense que facer dende un punto de vista sostible, no que todos poidamos convivir», destaca Salanova, quien tiene claro que si se busca atraer gente tiene que existir una infraestructura en forma de medios y socorristas que pueda hacer frente a la demanda.

«O 99 % das praias non están adecuadas, carecen de postos de vixilancia e de profesionais de salvamento. Nesta zona hai algunhas praias que esixen dun nivel alto», defiende el noiés. Para de Paz, buscar al surfista foráneo es un error. Destaca que apenas tendrá un retorno económico para la localidad: «La riqueza que crean es cuestionable. Vienen en caravana, no duermen en un hotel, no gastan en restaurantes y no aparcan en los cámpings».

La clave, apuntan, pasa por apostar por el producto local, por las escuelas responsables, por los shapers que trabajan en la zona. «Claro que el surf puede ser un reclamo, pero hay que dirigir a la gente que quiere practicarlo a través de las escuelas, no a que consigan una tabla y se metan en el mar al libre albedrío», afirma Chemita de Paz.

El siguiente paso que quieren dar es conformar oficialmente la Asociación Surfistas y Corcheiros Galegos Libres. Cuentan con el apoyo de unas 300 personas, que defienden unas playas en las que el surf y el turismo puedan convivir. «No todo vale», destaca de Paz. Ellos lo tienen claro, no quieren que el surf, la gran pasión de todos ellos, muera, literalmente, de éxito.

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