La recogida selectiva de biorresiduos coge en pañales a los ayuntamientos

La implantación del contenedor marrón tiene fecha, pero no está claro cómo se va a gestionar


Ribeira / la voz

Hay mucha confusión alrededor de la implantación del contenedor marrón en la comarca, no solo en lo que respecta a cuándo va a tener que hacerse frente a esta cuestión, sino también sobre cómo se va a hacer. Europa dicta que la recogida selectiva de biorresiduos -restos de alimentos, frutas y verduras o corchos naturales, por ejemplo- debe estar generalizada en todo el Estado a 31 de diciembre del 2023, si bien el Gobierno anunció una reforma de la Ley de Residuos que adelantaba esa fecha a finales de este mismo año para los ayuntamientos con más de 5.000 habitantes. Sea como sea, lo cierto es que la aplicación de este nuevo modelo de gestión de la basura coge en pañales a las Administraciones locales barbanzanas.

Aunque el verano pasado la entonces responsable del Ministerio para la Transición Ecológica anunciaba la intención de acortar los plazos fijados por la Unión Europea, el anteproyecto de ley que adelantaba al 31 de diciembre de este 2020 la obligación de implantar el denominado quinto contenedor en los ayuntamientos de más de 5.000 habitantes no llegó a ver concluida su tramitación. Y a ello se aferran los concellos de Barbanza para tomarse con cierta tranquilidad la recogida selectiva de los biorresiduos.

Fuentes del Concello de Ribeira indicaron que, precisamente, ayer se habló de esta cuestión en una reunión entre la empresa encargada de la retirada de la basura en la ciudad y personal del departamento de Medio Ambiente. Algo se hará para poner en marcha el contenedor marrón, pero de momento no hay un horizonte temporal definido y se trabaja con la fecha tope fijada por Europa, diciembre del 2023.

Las dificultades

Por su parte, en Boiro no tienen para nada claro cómo se van a gestionar los residuos orgánicos ni los plazos, toda vez que el anteproyecto de ley que modificaba la normativa estatal está «en el aire». Apuntan, sin embargo, que aunque quisiera empezar a implantarse el recipiente marrón, el municipio no cumple los requisitos para ello puesto que no dispone en su entorno de una planta de compostaje a la que enviar los desechos orgánicos para obtener abono natural. La que hay en la comarca está en Lousame y a ella solo envían su basura los municipios adheridos a la mancomunidad Serra do Barbanza.

De la dificultades para implantar el nuevo sistema de recogida selectiva hablaba también el alcalde de Rianxo, Adolfo Muíños, que confía en que no se fije este 2020 como fecha límite para la incorporación de la quinta fracción porque difícilmente llegarían a tiempo: «Os que fan as normas non son os que despois teñen que xestionar a recollida do lixo, e os ritmos non sempre poden adaptarse aos cambios lexislativos que se fan».

Muíños está conforme con la necesidad de mejorar la recogida selectiva, pero señala que aplicar el nuevo modelo «é algo que vai levar un tempo. Os concellos temos que ter medidas para implantar isto que non son doadas». Alude, por ejemplo, a que no está claro cómo y dónde van a gestionarse esos restos orgánicos, mientras que será necesario acondicionar los vehículos de recogida y estudiar las posibilidades del compostaje.

En lo que respecta al tratamiento de los biorresiduos para su conversión en compost, Sogama pondrá en marcha en febrero una nueva planta dedicada a esto a la que, inicialmente, enviarán sus desechos A Laracha, Carballo y Arteixo. Sin embargo, Cerceda es un destino bastante alejado de Barbanza y los alcaldes de la comarca se preguntan el coste, económico y ambiental, que tendrá enviar allí sus desperdicios.

El modelo de Serra do Barbanza ya establece la separación de la materia orgánica

La implantación del contenedor marrón -que no sustituirá al recipiente verde que se utiliza actualmente para el depósito de restos, al que irán a parar desechos como papel sucio, plásticos no reciclables, pañales o madera tratada con pinturas o barnices- no afectará a los municipios de la comarca que gestionan su basura a través de la mancomunidad Serra do Barbanza, puesto que su modelo ya separa los residuos orgánicos para la elaboración de compost del material inerte.

Noia, Porto do Son, Lousame, Muros y Carnota, además de Ames, Brión, Rois y Pontecesures, ya utilizan un modelo que sus responsables consideran lógico que se extienda al conjunto del territorio. Sin embargo, apuntan a que no tiene sentido si no se habilitan unas instalaciones de ámbito comarcal apropiadas para la gestión de los biorresiduos -como la de Servia o la de Nostián, en A Coruña- o se busca una solución para su tratamiento in situ a través de sistemas de compostaje doméstico o comunitario.

Con buena letra (Sálvora-Opinión)

Es cierto que Europa fija un plazo para la implantación del contenedor marrón, y que en este país somos muy dados a dejar todo para última hora, pero en este caso quizá conviene más hacer las cosas despacio y con buena letra que andar con prisas. Adoptar el modelo es más complejo que colocar unos recipientes, y es prioritario saber primero qué va a hacerse con esos residuos y dónde van a tratarse.

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