Manuel Casais: El barbanzano que nos ayudó a entender y disfrutar de la Fórmula 1

Esta tarde, a las seis y media, se oficiará un funeral en la iglesia de O Xobre (A Pobra)


ribeira / la voz

Los que hemos doblado el medio siglo de vida recordamos los tiempos de las carreras de Fórmula 1 en blanco y negro; los Fittipaldi, Lauda, Prost, Piquet, Senna... aquellas aburridas retransmisiones televisivas que parecían interminables, viendo coches dando vueltas y vueltas a un circuito... hasta que un día, años más tarde, aquel mundillo del automovilismo irrumpió de forma distinta en nuestros hogares, colándose en las comidas familiares de los domingos, de tal forma que el cocido perdía el papel protagonista para convertirse en actor secundario, y las discusiones Barça-Madrid, Madrid-Barça, desaparecían porque todos éramos de un mismo campeón...

El locutor Antonio Lobato, como por arte de magia, pasó a ser uno más de la familia, como si estuviera sentado a la misma mesa; solo le faltaba apropiarse del mejor trozo de tocino veteado, de la más apetitosa ración de grelos, aprovechando que nosotros estábamos tan absorbidos por la tele que nos creíamos manejando el volante del Renault de Fernando Alonso en vez de los cubiertos para dar cuenta de la carne, verduras y patatas; o percibiendo el mismo temblor en nuestras cabezas que el del genial piloto corriendo por encima de los 300 kilómetros por hora con los neumáticos desgastados; o confundiendo las instrucciones de Briatore con los lamentos de nuestra madre por no poner atención a las viandas que con tanto cariño había estado preparando toda la mañana.

Extraño milagro

Efectivamente, aquellas emisiones eran como un extraño milagro, un intercambio de posiciones que solo se podía obrar gracias a una extraordinaria realización televisiva. Lo que pocos sabíamos era que, detrás de ese proceso, detrás de la retransmisión, se encontraba un barbanzano, Manuel Casais Sampedro, Manu, cuyo segundo plano que por profesión le correspondió ocupar hizo que a ese encomiable trabajo no le pusiésemos cara y, como ocurre en muchas facetas de la vida misma, no nos paráramos a pensar que detrás de una gran labor informativa siempre hay un gran comunicador.

Manu Casais falleció inesperadamente el 8 de noviembre en Madrid, donde residía con su esposa y su hija, pero él era de A Pobra, aunque, circunstancialmente, como muchos barbanzanos, naciera en Santiago. Ceñir su trayectoria profesional exclusivamente a la etapa más gloriosa de la Fórmula 1 en España, por la que tanto él como su equipo acapararon numerosos premios, sería un inmerecido ejercicio de injusticia, porque dejaría en el tintero su labor en torno a la tragedia del Prestige, que llevó a Tele 5 a obtener un premio Ondas en el 2003; o en la cobertura del fallecimiento de Juan Pablo II y el nombramiento de Benedicto XVI; o su capacidad para ponerse al otro lado de la pantalla, al lado del espectador, la mejor forma de entender su demanda y facilitarle la comprensión sin desviarse de la profesionalidad con la que desempeñó su labor al frente de la realización en las diversas televisiones; o su apuesta personal al frente de Pasatiempo Producciones.

Tanto Manu como su esposa, Blanca Ricoy, permanecieron siempre ligados a Barbanza, incluso haciendo de embajadores de los vecinos que trataban de abrirse camino en Madrid, por eso, esta tarde, a las seis y media, se oficiará un funeral por su alma en la iglesia de Santa María do Xobre, en A Pobra.

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