Chatarra e Portos de Galicia


Este artigo debería estar escrito en galego. A nosa lingua préstase para a terminoloxía retranqueira que se practica nos diferentes oficios. Neste suposto, trátase do oficio de mariñeiro, home de mar. E o caso do que lles vou falar, non deixa de ser unha desas lerias. Pero como a maioría dos responsables políticos de Portos asentados na capital falan castelán, hoxe farémolo máis finamente na lingua de oficina, con lixeiros retrincos.

El 15 de noviembre del 2018, refiriéndome al L’Etel y al Eros Dos, publicaba en esta misma columna, un artículo titulado Chatarra y gestión portuaria. Decía entonces que «la larga tradición de barcos desahuciados en forma de chatarra, ocupando el insuficiente atraque existente, es buena muestra de la mala gestión portuaria».

Desde entonces hasta hoy, ha habido que esperar a que se hundiera el L’Etel para que, en artículo mortis, se decidiese a actuar Portos de Galicia. ¡Ay la gestión portuaria! ¡Cuántos altos cargos estarían despedidos si de una empresa privada se tratase!

¿Acaso los responsables de Portos (aquí quiero incluir a los de Capitanía) no se habían dado cuenta de que el L’Etel se podía hundir en cualquier momento? Si los responsables de esos organismos, aunque no sean expertos en seguridad naval, en lugar de moverse por el puerto con el único objetivo del afán recaudatorio, se parasen a escuchar las voces de tantos marineros que por allí transitan, podían ser testigos de las apuestas acerca de cuándo se hundiría el L’Etel; y hoy no estaríamos ante el lamentable espectáculo de ver un barco quilla arriba y el Eros Dos «a piques de naufragar», como decimos los hombres de mar.

Los mariñeiros de toda a vida (eso sí, sin cargo político), al ver al L’Etel escorado, decían: «Mete auga polas válvulas de fondo», «ou pode que sexa pola bucina», «ata pode que teña o casco furado», «vai dar volta». Pero para los responsables de Portos el problema más acuciante era cómo poder cobrar las tasas de atraque por lámina de agua. Ante todo la recaudación. Un rana lo habría solucionado. Pero no había que meterse en gastos. Y los de Capitanía, por su parte, bastante tienen con la burocracia del despacho y otros menesteres.

Si no fuese tan lamentable, estaríamos hablando dunha carallada administrativa. Veamos. En noviembre del 2018, se adjudican los dos barcos en pública subasta. Pero nadie los lleva de allí. Ni Portos de Galicia ni el adjudicatario de la subasta, al que se le supone que ha tenido que depositar una fianza. Portos dice que el procedimiento es farragoso. Capitanía dice que no puede garantizar que los barcos resistan el proceso de remolque al lugar de desguace. El uno por el otro y el puerto de Ribeira convertido en una triste chatarra.

De pronto surge la gran solución. Vean. Se hunde el L’Etel, y Portos, tomando las riendas de la situación, sale al rescate de un peligroso cadáver. Y tal como publica La Voz de Galicia: «Será Portos quien asuma de forma subsidiaria la retirada del barco (… ) el coste de la operación se repercutirá luego al propietario». A buenas horas mangas verdes. Si Portos hubiera actuado con la eficacia que a tal organismo cabe suponer, es posible que, con una pequeña inversión y con el barco a flote, hubiera podido recuperar parte de esas, por cierto, exageradas tasas por lámina de mar.

Con los gastos que ocasionará el reflotado de dicha chatarra, habrán de ir al bolsillo. Claro que siempre podrán recuperarse con el abusivo cobro de las terrazas… Pero esa es otra cuestión.

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