El cambio de los colegios en Boiro llenó el pabellón de A Cachada de votantes desorientados

Muchos vecinos no sabían a dónde dirigirse a pesar de los listados y los paneles informativos


Ribeira

Si hay una palabra que define la jornada electoral de ayer en Barbanza es tranquilidad. Policías locales, equipos de emergencias y partidos políticos hablaban al cierre de las urnas de normalidad absoluta y, salvo la ausencia de algunos miembros convocados para constituir las mesas, poco más dio de sí el balance de anécdotas. Lo más destacado fueron los cambios en Boiro, que llenaron el pabellón de A Cachada de votantes desorientados que no sabían en qué urnas debían depositar sus papeletas.

Aunque el alcalde boirense, José Ramón Romero, Martiño, señaló que conforme avanzaron las horas la situación fue mejorando, lo cierto es que a primera hora de la tarde quienes accedían al recinto de votación no tenían muy claro qué mesa les correspondía por más que consultaban los listados colocados a la entrada con el punto de votación asignado a cada calles «La gente anda muy despistada», explicaba el presidente de una mesa, a lo que otro añadía: «Houbo quen percorreu todas as mesas buscando a súa».

Justo al lado explicaban que había personas que se mostraban resignadas y compresivas ante los cambios y otras que reaccionaban con enfado: «Hasta cierto punto es normal, un señor que llevaba toda la vida votando en el mismo colegio y ahora se lo cambiaron no sabía a dónde ir». El experimento de centralizar los colegios electorales en un único punto se repitió en Cabo de Cruz, donde se agrupó a todos los votantes en el centro social y donde la iniciativa tuvo mejor acogida.

También en Boiro, en Comoxo, fue necesario sacar las urnas a la calle para que personas con movilidad reducida pudiesen votar dado que el colegio no está adaptado, una situación que, como explicaba el regidor, no es la primera vez que se produce: «Entra dentro do habitual, todos os anos hai que baixar as urnas e, de feito, intentamos cambiar o colexio, pero non foi posible».

Fiestas en Lariño

Por su parte, en Lariño no hubo problemas para votar, lo que les faltó a los vecinos fueron ganas de madrugar después de que la fiesta del sábado se prolongase hasta la madrugada. A las diez de la mañana solo habían depositado sus papeletas siete personas. Y entre quienes sí acudieron a votar, muchos no ocultaban el hartazgo ante la falta de acuerdo que ha obligado a los barbanzanos a volver a citarse con las urnas: «Decídelle aos políticos que se arranxen porque este é o último voto que meto, noutra non me collen», aseguraba una mujer mayor en A Pobra.

En Ribeira lo más destacado llegó a la hora del recuento con algunos votos nulos de lo más piadosos: «Ningún partido me representa. Prometen y no cumplen. Solo Dios cumple lo que promete. Mi confianza está en Dios». Y en Boiro, alguien se confundió de cita electoral y de municipio: «O meu voto vai para Abel Caballero».

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