Cabo da Cruz, 40 años no son nada

El club fundado en 1979 en la villa marinera cumple cuatro décadas convertido en referente a nivel autonómico


Ribeira / la voz

El Club de Remo Cabo da Cruz cumplió ayer cuatro décadas, 40 años que han pasado volando en una institución que nació el 7 de octubre de 1979. Lo hizo de la mano de un grupo de vecinos que quisieron dar respuesta a la pasión por el deporte y el mar que se respiraba en la villa. Con Arturo Romero estrenando la presidencia, el equipo vivió sus primeros momentos de gloria colocándose como referente a nivel gallego en traineras.

Por aquel entonces, las embarcaciones eran de madera y los centros de alto rendimiento de hoy en día no existían. El mundo de la trainera bebía de las competiciones que se popularizaron a principios de los años 50, cuando los marineros se retaban en velocidad con sus pequeños botes. «Non había medios, pero si moita ilusión. O pobo estaba moi enriba e iso valeunos para chegar ata aquí», afirma Mario Vidal, directivo desde principios de los años 2000 y remero durante la década de los 90.

Con presencia en las principales regatas gallegas y nacionales, Cabo da Cruz fue creciendo año a año hasta que en el 2003 formó parte del exclusivo grupo de entidades que dieron vida a la Asociación de Clubes de Traineras (ACT), momento fundamental de su historia.

Con varios títulos nacionales a sus espaldas, fue en el 2004, en Hondarribia, que los crucenses lograron su primera bandera en territorio vasco. Habría que esperar 14 años más, hasta 2018, para que la bancada dirigida por Beni Silva volviera a ondear la enseña en el mismo muelle.

La otra parte

Pero en cualquier historia de éxito, así como en cualquier relato que dure 40 años, también hay momentos de sufrimiento. Cabo vivió el primero de ellos a principios de los 90, en plena transición de los botes de madera a los más modernos. El club llegó a cerrar sus puertas todo el 92.

La otra crisis llegó en el 2009, cuando tuvo que renunciar a seguir compitiendo en la Liga ACT. El estrés, los kilómetros y la exigencia dejaron a Cabo fuera de la competición hasta el año 2014, cuando logró ascender de nuevo y erigirse como conjunto revelación aquel verano.

En este tiempo también han quedado anécdotas para el recuerdo. Como una protagonizada por Arturo Romero, cuando a la Bandera de La Concha todavía se accedía por invitación. El otrora presidente crucense recibió la llamada, pero declinó la oferta. «Dixéralles que tiñamos moito traballo nas bateas e que non podíamos ir á clasificatoria do xoves, que se os metían na final directamente buscaríamos a maneira de ir a San Sebastián», afirmó Mario Vidal.

Más historias como estas se escucharán el próximo 18 de octubre en el restaurante Chicolino, donde se celebrará una cena conmemorativa en la que se soplarán velas y en la que se podrá ver un preestreno del documental de Pablo Chouza, 40 anos de maraxe. Momento perfecto para echar la mirada al pasado y comenzar a escribir las páginas de un futuro que se espera tan ambicioso y enriquecedor como las de estas cuatro décadas de vida.

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Álvaro Sevilla

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Beni Silva (Boiro, 1961) é un libro aberto. Permítenllo os centos de regatas disputadas, os milleiros de adestramentos que dirixiu e unha traxectoria de 16 anos coma adestrador. Logo dun verán que valora agridoce, onde Cabo acadou o título galego e a bandeira da Deputación, alerta de que o remo vasco vén dando pasos de xigante e que os equipos galegos deben seguilos para non rematar no ostracismo competitivo.

-Como valora a tempada?

-Estivo dentro do esperado. Sabiamos que a ACT sería complicada. Hai seis equipos que van a full e é moi difícil collelos. Conseguimos o campionato galego e a regata da Deputación contra Ares, que foi un gran rival e que presenta candidatura á Eusko Label Liga. Na Concha sabiamos que a cousa ía ser comme ci, comme ça. Non fixemos unha boa clasificatoria, houbo demasiado nerviosismo. Eu arrisquei moito na nivelación, a traíña corría moito, pero estaba difícil para remar. As condicións do mar non foron boas, estaba moi revolto e fáltanos dar un paso para desenvolvernos ben aí. Este ano fomos pouco a Aguiño.

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