Gracias, Greta

Alicia Fernández no falta a su cita semanal


Aunque la táctica no es de ahora, sí me sorprende la cantidad de almas en pena que tragan. En este caso, para matar al mensajero, se está utilizando una técnica que tampoco es nueva: intentar demonizar, hacer más malo que los malos, a quién les planta cara o lucha de forma activa contra ellos. Pero en el caso de Greta Thunberg (Estocolmo, 2003) ayuda en esa ejecución pública que sea chica y joven. También su síndrome de Asperger. Oirán, referidas a ella, estas expresiones: «pone caras raras», «viaja en business», «está sobreactuando», «debería estar en la escuela», «está financiada por grandes contaminantes», «sus padres la explotan», etcétera. Pero lo más penoso es la cantidad de personas que ayudan a propagar argumentos tan rastreros y simples como esos.

Ella puede haber nacido en Suecia y sentir una gran preocupación por lo que acontece en África y en el mundo. También tiene derecho a errar en su batalla por el medio ambiente. Ella y sus padres tienen derecho a apoyarse en aquellos mecanismos legales a su alcance para dar un mayor traslado a su mensaje. Y es aberrante que tenga que pedir perdón por ser como es. Aunque tuviese algunos planteamientos erróneos, nada es perfecto, tiene todo el derecho a pelear por lo que considere justo o por un medio mejor para hoy y para el futuro.

Es muy curioso ver que los mismos que crucifican a Greta por hacer, critican todos los días en el bar a los jóvenes que no hacen nada. Supongo que estarían más contentos si ocupara su tiempo haciendo botellón con su pandilla. Y que no consigan su propósito los difamadores: Greta no es un problema para el mundo. Ellos, sin duda, sí.

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