Manuel Martínez: Un hombre que hizo historia con el banderín

El outiense recorrió los campos de fútbol de Primera División impartiendo justicia desde la banda


Ribeira / la voz

Una inoportuna lesión acabó con las ilusiones de Manuel Martínez Brión (O Freixo, 1952) de seguir jugando al fútbol, un deporte que le apasiona y que le dio muchas alegrías. Ese hecho provocó que siguiese ligado a esta disciplina deportiva, pero por otros derroteros. Le ofrecieron la posibilidad de convertirse en árbitro y aceptó. A partir de ahí, entre el silbato y el banderín de línea, pasó grandes momentos y compartió experiencias con muchas personas. También reconoce que hizo muchos amigos. Martínez Brión fue de los primeros barbanzanos en pisar un campo de fútbol de Primera División como integrante del trío arbitral. Durante más de cuatro años fue asistente de Raúl García de Loza, y también acompañó una época a otro compañero del colegio gallego, López de la Fuente.

A pesar de que estos días está convaleciente, le encanta hablar de fútbol y de su gran vocación: el arbitraje. Hace unos meses, sus convecinos de Esteiro le rindieron un bonito homenaje, que él recuerda con mucho cariño. Es una persona muy conocida en toda la comarca y por donde pasa deja un reguero de amigos.

Sin vacaciones

Su vida laboral estuvo ligada a la gasolinera de Outes, donde pasó muchos años, compaginando su actividad profesional con su pasión, el fútbol y el arbitraje. Reconoce que nunca cogió vacaciones, pues tenía un pacto con el jefe de la estación de servicio: cuando tenía que viajar pedía los días libres que necesitaba. Llegar a lo más alto no fue fácil. Familia, trabajo y arbitraje eran tres mundos muy diferentes con los que tuvo que lidiar, pero salió airoso, como lo hizo de los estadios más grandes de España.

Vestido de corto y con el silbato o el banderín, pasó unos 28 años, de los cuales cinco fueron en la élite, en lo más alto. Sus actuaciones se sometían cada fin de semana a millones de ojos. Se retiró a los 45 años por imperativo legal, pero siguió disfrutando del arbitraje dirigiendo encuentros de categorías inferiores.

Martínez Brión echa la vista atrás y reconoce que se emociona. Y más aún desde la habitación del hospital. Le llegan mensajes de cariño y de ánimo de numerosos amigos y conocidos.

Con una facilidad pasmosa y una memoria prodigiosa, va desgranando recuerdos de los momentos más importantes vividos en los campos de fútbol de España. Cuenta que uno de los jugadores que más trabajo le dio, tanto a él como a sus compañeros, fue el exbarcelonista Stoichkov: «Un auténtico marrulleiro. Era un protestón. Queixábase continuamente». Aunque también había «xente moi boa e educada». Un jugador que le impresionó por lo bien que jugaba es Manolo Sanchís: «Era moi bo».

El arbitraje a alto nivel ha cambiado mucho en este tiempo. Antes había que tomar decisiones en décimas de segundos y ahora los colegiados tienen la ayuda del VAR, un sistema que al outiense no le agrada demasiado: «Ten cousas boas, pero outras non tanto. Estou en contra del porque corta o ritmo do xogo e quítalle emoción ao fútbol».

Sentimiento blanco

A pesar de ser árbitro, reconoce que como toda persona tiene su corazoncito. Aunque nadie lo sabía, él es del Madrid, pero en el terreno de juego «esquéceste de todo e non tes cores». Sentía admiración por Butragueño: «Un día, no Bernabéu, pedinlle a camiseta para que ma dera ao acabar o partido. Xogaban o Madrid e o Sevilla e quedaron 0-2. Houbo un altercado no túnel de vestiarios e xa non a quixen. Quedei sen ela».

Manuel Martínez opina que el nivel actual del arbitraje es muy bueno, aunque ahora la mayoría de sus excompañeros son «altos, guapos e mozos, e fisicamente están moi ben». El fútbol sigue siendo su pasión.

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