La resistencia de los apicultores ante la velutina frena la sangría económica

Desde verjas eléctricas en miniatura a la trashumancia de panales, todo vale para reducir los daños de la avispa asiática


ribeira / la voz

«Cada ano mellórame». Después de seis años de avance de la plaga de la avispa asiática y de aluviones de solicitudes y del ingente trabajo de los grupos de emergencia para la retiradas de nidos, muy pocos se atreverían a indicar que esta afirmación pertenece a un apicultor ribeirense valorando el estado actual de su explotación. No, no ha cambiado nada en el ritmo de la invasión del voraz insecto foráneo. La diferencia es que los productores de miel de la zona no se han quedado de brazos cruzados y en la guerra de la velutina han apostado por la resistencia antes que por la resignación. En algunos casos se han frenado pérdidas en la producción de hasta el 30 %.

Lo que comenzó con la colocación de trampas con atrayentes con un sinfín de fórmulas -de organismos oficiales, caseras, de investigadores de universidades...- ha evolucionado para importar medidas e iniciativas propias de otros ámbitos del sector agroganadero. En este sentido, destacan las arpas eléctricas -sistema similar al utilizado para proteger los cultivos de los jabalíes- y la trashumancia de panales, es decir, llevarse las abejas a una zona en la que la avispa asiática no haya irrumpido, como quien busca nuevos pastos para un rebaño.

Las medidas

«Non por ter máis volume de colmeas vas conseguir máis mel, o truco está en dedicarlle máis horas a mellorar o rendemento de cada panal, protexelos, aplicar os tratamentos e manter o suplemento de alimentación para que estean fortes», explicó el mismo profesional ribeirense, que combate a la velutina en Oleiros.

Las arpas eléctricas también fueron una de las claves para los apicultores pobrenses de Mel da Curota. «Imaxina un atrapamoscas xigante, unha estrutura de PVC con cables electrificados cunha separación que só permite o paso das abellas entre eles», anotó el responsable de la firma, destacando que el efecto deseado es el disuasorio y no la exterminación total: «Hai unha semana tiña unha colmea rodeada por 300 velutinas, ás 48 horas só quedaba unha».

Una velutina devora una abeja, mientras se sujeta en los alambres de una arpa eléctrica, evidentemente, desconectada
Una velutina devora una abeja, mientras se sujeta en los alambres de una arpa eléctrica, evidentemente, desconectada

Sin embargo, este método no permite salir a la abeja reina, por lo que impide una tarea fundamental de la apicultura a final de temporada, la creación de nuevos panales a través de estas. Precisamente, este productor se ve forzado a adquirir él mismo las reinas fecundadas en Asturias o Portugal, con una pérdida anual de beneficios de casi 2.000 euros.

Juan José Rodríguez es responsable de la sonense Apigal, una de las mayores explotaciones de la zona, nacida hace 5 años en plena irrupción del insecto invasor. Al igual que su homólogo pobrense, coincide en que la primera campaña de junio a julio, la del eucalipto, fue más productiva que la multifloral. «Dende que chegou a velutina, este foi o noso mellor ano, quitamos bastantes toneladas», analizó, puntualizando que las lluvias intermitentes retrasaron el crecimiento de la avispa asiática. Cuestión que también aprovechó para realizar la reproducción de núcleos.

Además del empleo de las arpas, Rodríguez sobresale por su apuesta por la trashumancia, ya que ha trasladado la mitad de las colmenas -adaptadas con trampillas y cierres reforzados- a un parque natural de Valdeorras libre del insecto, mientras defiende al resto en Queiruga. También le permite obtener más tipos de mieles oscuras, a base de encina, carballo, lavanda, madroño, castaño, jara u orégano.

Cuando el tic tac empieza a zumbar (Sálvora-Opinión)

Es curioso que para tratarse de una plaga anunciada -que contaba con la alerta de lo que les había sucedido a apicultores franceses-, el gran problema de la invasión de la avispa asiática haya sido el tiempo. Hubo margen para movilizar a la población y que colocase trampas en sus fincas y huertas. Ni a día de hoy ha tenido lugar un gran llamamiento en ese sentido. El verano pasado, la Conselleira de Medio Rural apuntaba a que tendríamos que aprender a convivir con la velutina. Sí, ya no cabe duda, pero ¿cuánto más vamos a esperar para impulsar medidas preventivas más allá de las retiradas de nidos? El tic tac del reloj ya es un zumbido.

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