Eduardo Cimadevila: «Pedra do Cadro es como la Ciudad Encantada, pero multiplicada por mil»

Compara el monte de Esteiro con el paraje de Cuenca por sus singulares rocas

M. x. b.
Ribeira / La Voz

Eduardo Cimadevila rescataba hace unos años fotografías en blanco y negro que evocaban en su memoria los recuerdos de su juventud como veraneante en Esteiro. Durante esta época, él y sus amigos subían a los montes anexos a la playa para maravillarse con la flora y la fauna del lugar. Fue allí dónde se topó con unas singulares piedras de curiosa apariencia y las retrató para dejar constancia de su existencia. El hallazgo parecía ser un misterio para todos los vecinos de la zona pues, cuando el joven madrileño hablaba sobre lo que había encontrado, todos negaban conocer el lugar.

Cimadevila siempre había sido un apasionado de la montaña, y fue por ello que, hace unos años, se animó a documentar todas las figuras que pudiera encontrar en la zona. Elefantes, rinocerontes, lagartos, tiburones, delfines, caras o manos son algunas de los cientos de formas que este fotógrafo aficionado halló en las rocas del lugar.

Las figuras halladas

El origen de las siluetas todavía es una incógnita, no solo para Eduardo, sino también para el resto de los vecinos: «El granito es un material muy duro y poco poroso, por eso me llama la atención que el humano haya podido hacerlo con sus propias manos. Por otra parte, si cuestionamos la posibilidad de la erosión, las figuras resultantes son demasiado curiosas como para ser producto del azar». Aunque Cimadevila no sea geólogo, cree que estas son fruto de la manipulación natural del viento y del agua.

Para inmortalizar y dar constancia de dichas siluetas, estuvo tres veranos descubriendo el lugar. Para hacerlo con una eficacia mayor, contó con el apoyo de un joven local que le ayudó a peinar la zona. Eduardo Cimadevila detalla los inconvenientes de su experiencia: «Los senderos no estaban limpios y eran, en ocasiones, de muy difícil acceso. Para llegar a algunas zonas, tuvimos incluso que hacer algo de rápel». Por eso cuenta que salió de su expedición con algún que otro arañazo.

Cimadevila describe los montes que vio como un paraje susceptible de ser objeto de estudio, y cuanto menos, peculiar: «Para mí, Pedra do Cadro es como la Ciudad Encantada de Cuenca, pero multiplicada por mil».

Tras el estudio hecho en aquellos montes, el fotógrafo acabó con un archivo de más de cien fotografías que retratan las siluetas que se pueden encontrar a lo largo de todos los senderos, completando así la investigación que ya había comenzado durante su preadolescencia.

«Pareidolia»

El estudio litográfico ha sido bautizado bajo el nombre Pareidolia. Esta palabra es una expresión griega derivada de eidolon, ‘figura o imagen’ y el prefijo para, ‘junto a’. Esta hace alusión a aquello que mantiene una similitud con algo que no es: «Parece un perro, pero es granito; parece una cara, pero es granito...», reitera el fotógrafo madrileño.

Este trabajo contiene una selección de 25 imágenes: «Es muy importante que la gente de aquí conozca su patrimonio. Por eso he hecho las fotos». Con ellas anima a los vecinos y a los visitantes a darse una vuelta por Pedra do Cadro y buscar las singulares figuras.

Las instantáneas que realizó en los montes de Esteiro no son las únicas que Eduardo Cimadevila guardaba en un cajón. Su próximo proyecto consistirá en sacar a la luz las instantáneas que realizó durante la movida madrileña. Imágenes inéditas que celebrarán los 40 años del movimiento cultural y que él inmortalizó junto a sus amigos durante aquellos años.

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