El mal recuerdo del Don Pedro

Las víctimas y los restos de un vapor hundido en Corrubedo a finales del XIX salpicaron todo el litoral barbanzano


Ribeira

Con cada una de las múltiples tragedias marítimas registradas en aguas barbanzanas se repiten la conmoción, el horror y la pena por las vidas perdidas en el mar, pero hay naufragios que por su magnitud ?por el número de víctimas, por su proximidad a la costa, por la ausencia de una explicación lógica sobre sus causas? quedan impresas en la crónica negra que la historia ha escrito en el litoral de la comarca. En ella, tiene un hueco el Don Pedro, un vapor francés que se hundió en Corrubedo a finales del siglo XIX.

Pese a la época en la que se produjo el desastre, en 1895, existen múltiples crónicas de la tragedia que se extienden más allá del territorio barbanzano. La Voz de Galicia recogió numerosos artículos relatando lo ocurrido, pero también lo hicieron medio internacionales, porque fallecieron 89 personas y porque la mayor parte del pasaje era extranjero.

En su última travesía, el Don Pedro, cargado de emigrantes en busca de una vida mejor, tenía como destino final las costas de Brasil y Argentina. Había partido de Pasajes y de dirigía a Vigo, pero nunca llegó a puerto.

Sin explicación

Era una soleada tarde de finales de mayo cuando, por razones que nadie en aquel momento acertó a explicar, cuando el vapor se fue a pique en aguas de Corrubedo al chocar contra el conocido como bajo Praguiña y, según relataron algunos supervivientes, se hundió en menos de cuatro minutos. La caldera del barco explotó, y eso hizo que el número de víctimas se disparase, una tragedia que salpicó a todo el litoral barbanzano, no solo al de Ribeira.

Uno de los puntos en los que vivieron más de cerca el horror fue en Porto do Son. En una de sus playas, en Baroña, fueron localizados los cadáveres de seis náufragos, dos hombres y cuatro mujeres jóvenes, de cuya aparición dieron cuenta las páginas de La Voz en agosto de 1895. Mientras, en Carreira, Palmeira, Ribeira, A Pobra e incluso Corcubión se ordenó realizar una vigilancia constante para localizar nuevas víctimas, evitar saqueos (víveres, ropa, joyas y documentación del pasaje) y recoger cualquier resto del Don Pedro que pudiera llegar a la costa barbanzana.

Entre la treintena de supervivientes, recogidos por embarcaciones de pesca que faenaban en las inmediaciones, se encontraba el capitán, Vincent Marie Créquer, que semanas más tarde quedó libre de responsabilidad tras la investigación realizada; al tiempo que surgían voces que reclamaban a las autoridades medidas para prevenir los múltiples accidentes registrados en los bajos de Corrubedo. De hecho, en octubre de ese mismo se registró un nuevo naufragio al embestir una embarcación contra los bajos, y las crónicas de la época recogen otro episodio similar en agosto de 1896, aunque en ninguno de estos casos hubo víctimas mortales.

Más recientemente, esas aguas volvieron a ser escenario de la tragedia con el hundimiento del bateeiro Paquito Nº2, con base en Cabo de Cruz.

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