La producción de hielo cayó el año pasado hasta las 20.000 toneladas

Las fábricas de la comarca despacharon tres millones de kilos menos que en el 2017


El hielo es una de las principales piezas del engranaje del sector pesquero de la comarca. Y es que este material es imprescindible para la conservación del pescado y del marisco para que llegue en las mejores condiciones posibles desde los puertos de la comarca. En la zona hay cuatro fábricas que se dedican a esta actividad, y en todas ellas han notado un descenso importante. El año pasado las firmas que operan en la zona produjeron 20.797 toneladas, unas tres mil menos que en el ejercicio anterior.

La firma Servicios de Frío Riveira es la que mayor volumen de negocio tiene en la zona pues durante el 2018, según apuntaron desde la empresa, dispensaron unas 14.000 toneladas. Esta cantidad es similar a la del ejercicio anterior, puesto que la producción se está manteniendo estable en los últimos años. Sin embargo, desde la factoría señalaron que en los últimos tiempos notaron un descenso en las ventas pues la demanda fue cayendo principalmente en aquellos barcos que faenan fuera.

Maquinaria a bordo

Uno de sus principales clientes eran los palangreros, pero cuando crearon empresas mixtas y se fueron para Marruecos las ventas se resistieron de forma considerable. Otra cuestión que les ha causado cierto perjuicio fue que muchos arrastreros con base en Santa Uxía fueron incorporando en sus bodegas maquinaria para hacer su propio hielo, por lo que este es un colectivo que poco a poco está dejando de abastecerse en sus almacenes.

A pesar de estos contratiempos, insistieron en que la actividad es importante, ya que sus mayores clientes son los barcos y empresas de la zona que acuden a proveerse de este material imprescindible para mantener fresco el pescado y el marisco. También tienen un peso importante en sus ventas los pequeños comercializadores que acuden a la lonja de la capital barbanzana a hacer sus compras diarias. El precio de una tonelada de este material puede rondar los 45 euros.

Por su parte, la fábrica de la cofradía de Muros dispensó el año pasado 1.152 toneladas, unas trescientas menos que en el anterior. Fuentes de la entidad indicaron que cada ejercicio sirven menos porque se ha reducido el número de barcos en el puerto. Además el único arrastrero que mantiene su base en la villa posee una máquina propia a bordo. Aún así, hacen entre cuatro y cinco toneladas diarias y sus mayores clientes son además de las embarcaciones de la zona, los vendedores ambulantes e incluso tienen entre sus compradores a la empresa que cultiva salmones en jaulas en la ría de Muros-Noia.

El pósito de Portosín es propietario de su propia fábrica de hielo. La producción del 2018 fue de 2.445 toneladas, 42 menos que hace dos años. Los mayores consumidores son los cerqueros y los vendedores ambulantes de pescado que acuden a proveerse de mercancía.

Energía Ribeira es otra factoría de la capital barbanzana que produjo 3.200 toneladas el año pasado. En el 2017 ascendió a 5.100. Desde la empresa comentaron que cada vez hay menos barcos y eso repercute en la producción y más aún con los arrastreros que incorporan su propia maquinaria.

Eduardo Carreño: «O peixe canto mellor conservado estea, págase máis»

E l portosinense Eduardo Carreño tiene un barco que se dedica al cerco. El armador compra hielo para mantener en condiciones todo el pescado capturado. Reconoce que es un gasto importante, pero no le queda más remedio que asumirlo puesto que «é unha mercancía moi necesaria para a nosa actividade».

Aunque tiene base en Portosín, es de los que se mueven durante ctodo el año. Participa en la costera de la anchoa en el País Vasco y también sube con asiduidad a la zona de A Coruña. Afirma que cuanto más material consumen «mellor para nós, pois iso quere dicir que estamos pescando ben». Al año puede comprar 500 toneladas de hielo, que supone un gasto de 3.000 euros.

Comenta que en su embarcación, «non choramos o xeo, pois o peixe canto mellor conservado estea, págase máis e ten mellor presenza». La costera del bocarte implica más consumo y además, en el País Vasco es más caro que en Galicia, «pero o que importa e meter peixe a bordo», dice.

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