Ocho años sin Amy Winehouse


Julio del 2011. Día 23. Aparece muerta en su casa de Candem, al norte de Londres, Amy Winehouse (1983). Se cumplen ahora ocho años desde que la cantante y compositora londinense fuese hallada sin vida una mañana de aquel verano. Tenía 27 años, una fecha que la convertía en nueva integrante del mítico y fatídico club de los 27, junto a Janis Joplin, Jim Morrison, Jimi Hendrix, Brian Jones y Kurt Cobain. Al parecer, una intoxicación de alcohol y pastillas acabó con la llamada nueva diva del soul. Cuando se conoció la noticia de su óbito, Candem Square se cubrió de flores y fotos para homenajearla.

Junio del 2011. Día 18, un mes antes de su muerte, Amy actúa en Belgrado (Serbia). Salió al escenario completamente embriagada. Había debutado en el 2003. Un año después publicó su primer álbum, Frank, que acabó entre los 12 mejores del 2004 en Inglaterra. Tres después, en marzo del 2007, salió a la luz Back to black, sin duda el disco que la convirtió en nueva estrella de la música británica. Recientemente han publicado una canción suya póstuma e inédita: My own way, una de las pocas demos que se conservan de la artista, ya que la mayoría se destruyeron tras su muerte, debido sobre todo al fracaso que había experimentado la discográfica Universal cuando sacó a la calle el álbum Lioness: hidden treasures, que no obtuvo entre sus numerosos seguidores el éxito que la firma editora esperaba. Pero el año pasado, Cil Cang, músico y compositor amigo, quiso salvar una y ahora ha querido compartirla con todos sus admiradores.

Amy ha regresado a mi mundo a través de esta canción y del documental Amy, que había triunfado en el 2015 en Cannes, y que hace unas semanas ha emitido el segundo canal de TVE. La cinta de Asif Kapadia dura 128 minutos y, pese a que el director recortó de manera drástica el primer metraje, que alcanzaba las tres horas, nos deja un tremendo sabor amargo. El filme nos introduce en una vida tumultuosa sin darnos un respiro. Incluso, el autor del documental Diego Maradona refleja lo que pudo sentir la cantante cuando salía a la calle, fusilada por los flashes de los paparazis y los focos de los equipos de las teles. Y retrata la crueldad gratuita de los poderosos presentadores, esos héroes infantilizados e idiotas del talk show, que escenifican las maldades de sus fabricantes de gags.

Hay un reparto de héroes y villanos en el trabajo de Kapadia. El padre de Amy, Mitch Winehouse, es de los que peor parados sale. Él había intentado filmar un documental que llevaría por título Saving Amy. Cuando su hija se encontraba reponiéndose en una isla caribeña, se presentó allí acompañado de un equipo de filmación sin preocuparse de la salud y rehabilitación de su hija, para la que él había denegado el permiso.

Blake Filder-Civil, el gran amor de la artista, queda fotografiado como un macarra y mamalón. Raye Cosbert, el segundo mánager, que la mandó de gira cuando estaba muy frágil y no podía hacer frente a los públicos envenenados con los que tuvo que lidiar, también figura en la nómina de grandes vellacos. A salvo queda Nick Shymansky, el primer manager, que supo protegerla de todos los chupóteros que la rodeaban. Nunca podremos olvidarnos de aquella chica menuda y eléctrica, que cantaba como las antiguas divas del soul y del jazz, y cuya cabeza y cara angulosa culminaban en un espectacular moño colina, que nosotros siempre hemos deseado escalar. Siempre te querremos, Amy.

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