Una vez más, la capilla de Seráns acogió a los fieles que, como marca el ritual del 11 de julio, fueron a venerar al santo y, siguiendo la tradición del pañuelo y el aceite, solicitaron la curación de sus dolencias y verrugas.

Al tratarse de un día de semana, desde Protección Civil de O Son aseguraron que había «menos gente que otros años en los que la celebración cayó en domingo, pero más de la esperada».

«Unha vez pasado o pano con aceite pola verruga hai que colocalo no muro para que esta cure. Haberá quen non crea, pero a min fóronseme moitas veces», comentó Mercedes, que acude desde pequeña con sus padres.

Al concluir la misa celebrada en honor de San Benito, cuatro devotos, tres hombres y una mujer, sacaron la imagen y dieron una vuelta alrededor de la capilla seguidos de la Banda de Música de Caamaño. La mujer, Luz, afirma que es la única que porta al santo todos los años: «O resto sempre son homes».

La tradicional subasta

Después de que la talla regresara a la capilla, acompañada de los fieles, comenzó otra de las tradiciones que caracterizan a esta romería: la subasta de gallos.

Con los devotos situados en la parte trasera del templo, junto al muro en el que se colocan pañuelos y velas, comenzó la donación de aves por parte de los fieles; animales que luego fueron subastados en honor del santo. Entre aplausos y alguna risa, los gallos se vendieron a precios que oscilaron entre los 20 euros del más barato y los 50 del más caro.

Francisco Olveira, director de la Banda de Música de Caamaño, que realiza las pujas desde hace años, comentó: «Más o menos se vendieron los mismos gallos que otros años».

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Pañuelos y gallos de los romeros para honrar a San Benito