Desventuras en la farmacia


En el mostrador, entre el farmacéutico y el paciente, galopa un viento ladrón que se lleva consigo treinta sílabas diarias. Así el agua oxigenada se pide a veces como «agua exagerada». El supositorio de glicerina se vuelve un explosivo «supositorio de nitroglicerina», el suero fisiológico suele ser «suero psicológico» y un antifúngico tópico se convierte en «crema para el Pepe» o «crema para a cona». Verídico.

Deme un chupete atómico (por anatómico), un matatrapo (por esparadrapo), un científico (por dentífrico), un expectante (por expectorante), un inflamatorio para las verticales (por cervicales), lo de la gotitis (por la gota o por la otitis, aún no lo sé), un locutorio (por colutorio). Para la dentadura dame pasta agresiva (por adhesiva, espero) y un fuve de vaca o vaca de fucker. «¿Fave de fuca?», pregunto. «Sí, eso te dije».

Los antigripales pueden ser efervescentes. Me los piden detergentes, absorbentes, burbujeantes y, mi favorita, voladores. ¡Voladores! Convertir moléculas diluyéndose en agua en poco menos que los Avengers es poesía.

No intento ridiculizar a nadie. Yo sería un ignorante en el mundo de esas personas, probablemente conozcan más aspectos de la vida de los que yo sueño. Estoy en deuda con ellos, todos los que trabajamos de cara al público lo estamos, agradezco que alguien me haga sonreír mientras llueven los minutos del reloj sobre el escaparate y mi corazón se marchita como un ataúd bajo la tierra. Vaya, este artículo iba a ser de risa. Necesito un abrazo o un Trankimazín, pero que no sea genético... digo genérico.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
65 votos
Comentarios

Desventuras en la farmacia