Desventuras en la farmacia

Emilio Sanmamed
Emilio Sanmamed LIJA TERCIOPELO

BARBANZA

08 may 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

En el mostrador, entre el farmacéutico y el paciente, galopa un viento ladrón que se lleva consigo treinta sílabas diarias. Así el agua oxigenada se pide a veces como «agua exagerada». El supositorio de glicerina se vuelve un explosivo «supositorio de nitroglicerina», el suero fisiológico suele ser «suero psicológico» y un antifúngico tópico se convierte en «crema para el Pepe» o «crema para a cona». Verídico.

Deme un chupete atómico (por anatómico), un matatrapo (por esparadrapo), un científico (por dentífrico), un expectante (por expectorante), un inflamatorio para las verticales (por cervicales), lo de la gotitis (por la gota o por la otitis, aún no lo sé), un locutorio (por colutorio). Para la dentadura dame pasta agresiva (por adhesiva, espero) y un fuve de vaca o vaca de fucker. «¿Fave de fuca?», pregunto. «Sí, eso te dije».

Los antigripales pueden ser efervescentes. Me los piden detergentes, absorbentes, burbujeantes y, mi favorita, voladores. ¡Voladores! Convertir moléculas diluyéndose en agua en poco menos que los Avengers es poesía.