La llama de San Alberto sigue viva

La afluencia a la histórica romería ribeirense se recuperó gracias a iniciativas como un peregrinaje multitudinario


Los peores pronósticos sobre la, cada año más mermada, asistencia a San Alberto parecían confirmarse durante la mañana de ayer, pero una edición más, parte de la sociedad ribeirense salvó la reputación de esta histórica romería gracias a una iniciativa que congregó a más de un centenar de personas. Se trató de un peregrinaje realizado desde la parroquia de Santa Uxía y que simbolizó la necesaria resistencia para levantar la que en el pasado fue una fiesta que marcó a generaciones de vecinos.

Tras la segunda misa -en el día que supuso el estreno del párroco Alfonso Mera en esta tradicional cita-, el eco de las bombas que marcaban el inicio de la procesión contrastaba con la calma en las inmediaciones del templo. Después de una breve y muy pequeña, pero solemne marcha, las personas comenzaron a abandonar el lugar y algunas no dudaron en hacer un llamamiento a la sociedad ribeirense para que acudiese, en especial a los jóvenes, los grandes ausentes.

«Isto non pode morrer nunca. A xuventude non pode deixar San Alberto de lado, sempre foi moi importante e creo que ten que estar á altura da súa historia», expresó la vecina Amparo Viturro, apostando por que sean las propias familias las que se impliquen con las nuevas hornadas, acudiendo juntos a la romería. «A fe é algo que ten que prender soa», anotó.

La cara y la cruz

En ese mismo instante, una pareja también constituía la resistencia del gesto más característico de San Alberto, el lanzamiento de la teja al alféizar de la arcada trasera para lograr el amor, o, en este caso, reforzarlo. «Recuerdo cuando éramos pequeños y faltábamos al colegio para venir a comer. Ahora entras en la iglesia y da pena verla tan vacía, pero bueno, llueva o truene hay que venir igual», así, la ribeirense Sara Silva explicó que nunca se pierde un San Alberto, una fecha marcada en rojo en su calendario que ya transmitió a su pareja, natural de A Pobra.

Uno de los mejores testigos de la mengua de la romería ha sido Daniel Davila, quien en ocho años ha visto cómo perdía cerca del 70 % de ventas en su puesto de rosquillas. «No sube nadie, no hay ni un alma, ojalá esto cambie por la tarde», lamentó, sin saber que su deseo acabaría cumpliéndose, tan solo unas horas más tarde.

«Creo que non hai que estrañar tempos pasados, pero hai citas e actos que teñen valor tanto antes como agora. Camiñar xuntos e compartir este momento é, sen dúbida, un deles», explicó el sacerdote Alfonso Mera del peregrinaje realizado, a la llegada a una capilla que sí estaba a rebosar por la tarde para la última misa y la procesión final, así como para las subastas de aves. En este sentido, el párroco ejemplificó esta iniciativa y anunció que su intención es que se mantenga.

«Trátase de poñer algo da nosa parte, así como tamén houbo pais e nais que acudiron cos seus nenos», señaló Alfonso Mera del que acabó siendo un día de grandes contrastes entre mañana y tarde o de lo que supone haber podido mantener viva la llama de la esperanza de San Alberto.

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