El furtivo agredido en Lira: «A min danme pena os fillos dese home, como tamén me doen os meus»

La víctima del ataque por el que Manuel Martínez podría ir a la cárcel da su versión de lo ocurrido en el 2013


Cee / la voz

Miguel Ferrío, el fisterrán por cuya agresión en Lira en el 2013 han condenado a tres años de cárcel a Manuel Martínez Lustres, reconoce el furtivismo y el conflicto con los percebeiros locales, pero denuncia que solo se esté ofreciendo una versión de los hechos ahora que todo Lira, las federaciones de cofradías e incluso partidos políticos piden el indulto del agresor. Incluso asegura que puede ponerse en la piel del condenado, pero no acepta que se difundan mentiras. «A min danme pena os fillos dese home e se vén coa súa familia a pedirme que lle firme para o indulto seguramente lle firme, porque os rapaces doen, como tamén me doen os meus, pero o que non pode ser é ir con mentiras, como que nós fomos á caseta deles ou que eu lle fun cunha navalla», incide.

Ferrío relata que un par de semanas antes les habían volcado el coche, acudieron con la factura de los daños y tuvieron una discusión subida de tono con los percebeiros de Lira. Pero insiste en que ese día, en el momento de la agresión, él y su compañero se estaban metiendo en el coche, precisamente para escapar del tumulto, y fue agredido por la espalda. «Eu o primeiro que pensei foi que me dera un baixón de tensión. Por iso que non sei quen me dou. O único que recordo é querer levantarme e non ser capaz. Despois xa foi cando vin que estaba todo cheo de sangue», cuenta el fisterrán, que entiende que Martínez Lustres «perdeu os papeis» en un momento de calentón, aunque asegura que incluso después de lo sucedido llegó a perseguirlos con el coche.

Añade que el conflicto con los mariscadores locales venía de atrás. Incluso llegaron a compartir una comida para hablar las cosas a la cara y evitar pleitos judiciales, por lo que entendían que la situación estaba aclarada. 

«Furtivos somos todos»

Ferrío no niega que se dedicase a la extracción de percebes sin estar legalmente habilitado, pero lo justifica por su situación familiar, con dos hijos pequeños y tanto él como su mujer sin un empleo. «O pequeno tiña dous anos e o grande catro e ti non sabes o que é querer agacharte para coller ao teu fillo que está comezando a andar e non ser quen porque caes detrás del», cuenta el percebeiro, al que se le escapan las lágrimas cuando recuerda aquellos días en los que acababa de recibir 28 puntos de sutura detrás de la oreja izquierda y no podía ir al mar. «Porque os fillos comen todos os días», sentencia.

De hecho, el fisterrán dice que aceptaría un empleo, «por 600 ou 700 euros», pero si no lo tiene, tampoco reniega de su actividad. «Ninguén é furtivo por gusto. Vese ben quen compra as casas e máis os coches e quen vai para comer. Furtivos somos todos, ou o que está dado de alta e despois colle 20 quilos por detrás non é furtivo?», se pregunta Ferrío.

Para finalizar, insiste en que no quiere hacerle más daño a nadie, «porque todos somos mariñeiros e a vida dá moitas voltas».

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