Bolos do pote para cerrar el entroido

La vigesimoprimera edición de la fiesta gastronómica mazaricana volvió a registrar un lleno de comensales


mazaricos / corresponsal

Mazaricos despidió el entroido a lo grande. Como viene siendo costumbre durante los últimos años, A Picota volvió a llenarse de personas dispuestas a participar en la Festa do Bolo do Pote, una celebración gastronómica que, pese a llevar 21 ediciones, parece lejos de haber tocado techo. Ni la mañana fría ni la lluvia impidieron que una nube de gente se congregase en la localidad poco después del mediodía.

Según fuentes de la organización, este año volvieron a batirse todos los registros de afluencia, al menos en lo que se refiere a la degustación gratuita que tuvo lugar en la carpa situada en el Campo da Feira. Del convite se encargaron, con gran éxito a tenor de los comentarios de los asistentes, Amas de Casa de Mazaricos y la asociación de vecinos Monte Picoto.

«Resulta difícil saber con exactitude a cantidade de bolos que se serviron -se acompañaron de panceta, oreja y chorizo- pero o que si sabemos seguro é que foi das edicións nas que máis xente estivo na carpa porque -explica Laura Prado, presidenta de Amas de Casa- a cola era inmensa e houbo persoas que nos dixeron que tiveran que esperar máis de media hora para coller o seu prato».

También los ocho establecimientos que participaron en la edición de este año, entre locales de degustación y colaboradores, registraron llenos absolutos, según el presidente de los hosteleros, Jorge Jurjo. «A maioría xa tiñamos todo cuberto coas reservas que se foron cerrando nos últimos días polo que calculo que, contando restaurantes, carpas e as que se foron servindo como tapa nos diferentes locais, as racións servidas superarán con facilidade as 2.200, probablemente a cifra máis alta dende que se celebra a festa».

Actividad incesante

En la mayor parte de estos establecimientos la actividad fue incesante hasta bien entrada la tarde de ayer, teniendo incluso que acondicionar mesas supletorias en los comedores o realizar varios turnos para atender las peticiones de los visitantes que querían probar el bolo do pote. Incluso algún local se atrevió a hacer frente a la meteorología adversa y colocó una carpa, a modo de improvisado comedor, en el jardín.

Todo esto a pesar de que, el sábado, ya fueron muchos los que se acercaron hasta la localidad para dar cuenta de esta especialidad culinaria que los restaurantes sirvieron a un precio único de 18 euros y acompañada de un completo cocido con grelos, postre, pan y vino.

De forma paralela a la fiesta, tuvo lugar una concentración de coches Mini que juntó en la localidad a una veintena de automóviles llegados desde diferentes puntos de Galicia. Sus conductores aprovecharon para dar un recorrido por el municipio.

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