Productores y viveristas denuncian el descontrol de la plaga de cítricos

Los afectados afirman sentirse desamparados por parte de la Administración


ribeira / la voz

«Estamos perdiendo el tiempo y esto ya parece un cachondeo, creemos que el plan de choque no está funcionando y que tendremos que aprender a convivir con el psílido», esta afirmación procede de una de las firmas más castigadas en la comarca por la presencia de la plaga que afecta a naranjos, limoneros y demás frutales cítricos. Desde el boirense Centro de Jardinería de Espiñeira cuantifican entre 4.000 y 5.000 euros las pérdidas anuales por la imposibilidad de vender los árboles que tenían en su vivero, una de las normas establecidas en las zonas afectadas por la cuarentena establecida por la Xunta desde 2016.

«Lo peor es que no se está controlando del todo la venta, tenemos clientes que nos preguntan por el tratamiento para ejemplares que acaban de comprar. No podemos asegurarlo, pero hemos escuchado que hay personas que se trasladan a Portugal -donde también está presente el psílido- para traer frutales», explicaron desde esta empresa, para señalar que se debería mantener la vigilancia sobre establecimientos como gasolineras o puestos ambulantes.

Este no es el único caso de afectados. La vecina de Palmeira María Paz, productora que se desvinculó hace unos meses del sector, pero conocida por su implicación en la agricultura ecológica, también cree que la Administración tiene abandonados a productores, viveristas y particulares. «O problema da psila é o sistema de propagación. Se eu lle dou o tratamento e o veciño non, a praga volve aparecer e a estenderse», explicó la profesional que sigue luchando contra el psílido con el remedio que ha identificado como el más útil: «A única solución é podar as follas coas verrugas que conteñen as larvas, queimalas e dalo tratamento cada 15 días». En su opinión, la clave de esta lucha está en la investigación y en la financiación a laboratorios.

Mermas en cosechas

La vendedora y productora ribeirense Marina Pillado tuvo que cortar cinco limoneros de unos 15 años. Este hecho supuso un golpe a su producción estival del 25 %, que ahora suple con producto adquirido.

Igual que Paz, la ribeirense optó por aplicar tratamientos ecológicos -menos agresivos- y la utilización de mantas térmicas, pero fue imposible salvar los árboles: «Foi como se lles pasara un incendio polo lado».

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