Las comunidades del Neolítico ocuparon la jornada dominical del Encontro Arqueolóxico

El primer poblamiento de Canarias y el estudio de los restos de fauna recuperados en yacimientos fueron otros asuntos tratados


Ribeira / La Voz

Tras la intensa jornada del sábado, en la que las conferencias se alargaron hasta última hora de la tarde, el programa de la decimotercera edición del Encontro Arqueolóxico de Barbanza retomó hoy su actividad en la casa de cultura de Boiro con tres nuevas ponencias. El primer poblamiento de las islas Canarias, del que habló María del Carmen del Arco; la relación entre el ser humano y los animales a lo largo del tiempo a través de los restos de fauna hallados en yacimientos arqueológicos, abordado por Carlos Fernández Rodríguez; y las primeras comunidades agricultoras y pastoras que ocuparon la Península en el Neolítico fueron los temas tratados en el segundo asalto de unos encuentros que tendrán continuidad el próximo fin de semana.

El doctor en Prehistoria Juan Francisco Gibaja Bao fue el encargado de exponer el trabajo realizado junto a Niccolò Mazzucco, Mario Mineo y María Eulàlia Subirà sobre las rutas que siguieron las primeras comunidades agricultoras del Neolítico en su expansión hasta el nordeste de la Península. Las herramientas que utilizaban entonces son un elemento fundamental para conocer el recorrido que realizaron aquellos pobladores y su tipología y datación permite saber que hubo dos oleadas de gentes que utilizaban distintos tipos de hoz.

Gibaja Bao habló también del yacimiento de La Marmotta, próximo a Roma, que ha aportado información muy valiosa por su peculiaridad: está sumergido bajo el agua. Eso ha permitido que se conservasen restos de madera o cestería que rara vez pueden localizarse en una excavación arqueológica y saber que las herramientas usadas en el Neolítico son mucho más complejas de lo que se creía. Esto en cuanto a la forma de vida, porque el estudio también habla de los muertos y analiza los contextos funerarios para conocer la organización social.

Del estudio de las tumbas y sus ajuares, la dieta y el ADN y se extrae que existían diferencias sociales que se evidencian en los distintos tipos de enterramiento, que tenían redes de intercambio con otras comunidades o que eran las mujeres las que más se movían de un sitio a otro. Sin embargo, pese a todos estos datos, Gibaja concluye que todavía «queda todo por descubrir».

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