El tocomocho


Una persona que aparenta pocas luces le enseña un boleto premiado a la víctima que, por algún motivo, no puede cobrar. Siempre entra en escena algún compinche que aporta credibilidad al relato. Un timo hoy en día en desuso… ¿o no? Pues que quieren que les diga, a mi lo del atraco eléctrico -llamarle factura por servicio prestado sería faltar a la verdad- en España se asemeja bastante. Las víctimas son los ciudadanos españoles, consumidores domésticos o empresas; los azotadores, las compañías eléctricas y los cómplices, los distintos gobiernos que en este país han sido. Pero estos pájaros han perfeccionado el invento: no es lotería sino un bien básico e indispensable y perpetran con éxito su fechoría cada mes.

Vuelven a anunciar nuevas subidas que agrandarán sus ya pingües beneficios, sin sonrojo y con desparpajo. En los últimos diez años vamos camino de llegar a un aumento del cien por cien. Y dirán ustedes, ¿no hay un gobierno serio que ponga coto a tanto pillaje? Pues no, por dos razones: la primera es que cada subida de ellos aumenta la recaudación del Estado vía tramo máximo de IVA y, segundo, las prebendas que obtuvieron, obtienen y obtendrán a nivel personal. Todos llegan a la poltrona con muy buenas intenciones pero se diluyen como un azucarillo en el café.

La comparativa con la UE confirma el atraco. Las empresas cierran y los ciudadanos sufren, sobre todo los más desfavorecidos y una de cada diez personas ya no puede calentar su hogar. Pero nuestros políticos seguirán con las penurias de Venezuela, que las que sufren los españoles no importan. A ellos, claro.

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