La flota de Barbanza perdió casi 1.300 embarcaciones en los últimos 25 años

De los 3.075 barcos registrados en 1994 se ha pasado a los 1.778 actuales


ribeira / la voz

La pesca languidece. Poco a poco los puertos están cada vez más despejados. El número de embarcaciones se achica de forma considerable con el paso del tiempo. La comarca barbanzana es todo un referente a nivel nacional en lo que a actividad marinera se refiere. Sin embargo, cada vez son más los vecinos de la zona que le dan la espalda a este sector. Los datos de la caída del censo de embarcaciones es demoledor. En los últimos 25 años se perdieron por el camino 1.297 unidades, pasando de las 3.075 embarcaciones de 1994 a las 1.778 que hay en la actualidad, según se desprende de los datos de la Consellería do Mar.

Uno de los casos más significativos en esta caída es la dársena ribeirense. El puerto de Santa Uxía es uno de los primeros de Europa en lo que a descarga de pesca de bajura se refiere. En el último cuarto de siglo pasó de los 519 cascos censados a menos de la mitad: 253.

El patrón mayor, José Antonio Pérez, señaló que la mayor parte de la última generación de jóvenes no quiso seguir los pasos de sus progenitores por lo que muchos barcos se vendieron o se desguazaron.

Otra cuestión en la que incidió el dirigente del pósito de Ribeira fue en que hubo flotas que sufrieron una importante reestructuración. En este sentido, se refirió al colectivo del palangre, «o máis importante de Europa. Chegou a ter 90 naves aquí, pero hoxe non alcanzan as dez unidades», subrayó.

Un caso significativo se da en el puerto de O Pindo. Hace 25 años contaba con 26 embarcaciones y en la actualidad solo hay dos censadas en el pósito de esta parroquia carnotana. Se da la circunstancia, además, que los propietarios son armadores de otras localidades próximas, como Corcubión y Fisterra, que los compraron en su día y los mantienen en su lugar de origen para pescar en la zona.

José Luis Segade: «A xente xa non quere traballar no mar»

El armador José Luis Segade (Porto do Son, 1950) echó el pie en tierra hace dos años después de toda una vida ligado al mar. Acabó sus últimas jornadas a bordo del Piringuela, una nave de casi 12 metros que recorría la ría de Muros-Noia en busca de nécora y pulpo, principalmente. Tras la retirada tenía que plantearse qué hacer con su principal medio de vida, su barco, pues el ya no podía salir a faenar.

 

Tiene dos hijos, pero ninguno quiso seguir sus pasos y menos en el puente del Piringuela, aunque, según afirma, ambos se dedican profesionalmente a actividades relacionadas con el mar. La única opción que le quedaba era ponerlo en venta. Hace unos tres meses, el Piringuela dio la popa a las aguas sonenses para poner rumbo a otras latitudes. En la actualidad ya está surcando las aguas de Sada.

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