La masificación de alumnos obliga a hacer malabares en los institutos

El problema de exceso de alumnos se focaliza en cuarto de ESO y en el bachillerato


Ribeira / La Voz

Una vieja problemática con la que han tenido que acostumbrarse a convivir los centros educativos ha vuelto a salir a escena este curso en Barbanza. El exceso de alumnado en el último ciclo de la ESO y de bachillerato fuerza a los equipos directivos a realizar una auténtica ingeniería de horarios a la hora de planificar la distribución de los jóvenes y así sortear la masificación de aulas.

A grandes rasgos, los principales detonantes de la saturación se corresponden con la existencia de los repetidores, que no computan para la ratio determinada por la Xunta -30 por clase en ESO, 33 en bachiller-. Pero, ¿qué supone para los claustros este escenario? Pues puede generar anomalías como la del IES Praia Barraña donde estudiantes de la rama de artes comparten algunas horas con los de ciencias.

El caso boirense

El paradigma de este hecho en la zona se halla en el caso de Boiro, donde el Praia Barraña logró evitar que se reprodujesen situaciones similares a las del curso pasado con una clase que alcanzó los 35 alumnos. «Conseguímolo a costa de investir moito tempo e esforzo en cadrar horarios e solicitar recursos con anterioridade», precisó el director, Juan Carlos Couto, de un trámite que puede conformar una odisea y produce que algunos docentes no puedan impartir las materias de sus especialidades.

En el IES A Cachada, el director, Mariano Muñiz, destacó que «o verdadeiro problema é que non existe unha atención individualizada con estas ratios». En este centro hay cuatro unidades de cuarto de ESO con entre 29 y 30 chicos, pero «dende o punto de vista legal, estamos dentro do límite». El pasado curso, estos mismos chicos conformaban cinco clases de tercero de ESO.

«En Boiro cremos que hai unha mala estruturación do reparto de alumnado», indicaron desde el equipo directivo del IES Espiñeira, donde, frente a los índices de los otros dos institutos, en este solo cuentan con una línea en cada bachiller y en cuarto de ESO. Además, la falta de alumnos también viene acompañada de la obtención de menos recursos, lo que provoca «unha falta de cadro de persoal do profesorado. Como todos os centros, estamos moi cargados de traballo».

Este caso también se reproduce en el IES Félix Muriel de Rianxo, donde cuentan con dos grupos de primero de bachiller de 33 y 34 -la ratio máxima en este nivel educativo es superior a la de secundaria- y otro con 30. No obstante, desde la dirección indicaron que ha jugado a su favor el hecho de contar con grupos pequeños en otros cursos, de cara a la planificación.

«A pregunta debería ser si non se considera xa unha masificación o feito de ter 30 alumnos por aula», indicó la directora del instituto ribeirense Leliadoura, Dominga Brión, donde también fue necesario un plus de preparación haciendo encaje de bolillos.

La saturación de estudiantes afecta a Barbanza, pero en Muros se da el caso contrario

Frente a los casos de centros de secundaria con aulas al límite de alumnos en el último ciclo de la ESO y bachillerato, el caso en el ámbito de Muros es radicalmente distinto. En centros como el outiense Poeta Añón, la clase con más estudiantes, un cuarto de ESO, asciende a un total 25. «En canto á ratio estamos ben, pero se me fan esta pregunta o curso que vén a resposta pode ser outra», explicó el director, Daniel Losada, ante la posibilidad de perder una unidad y que la otra se llene. Se trata de una afirmación idéntica a la del director del instituto sonense, David Pérez.

Los responsables de institutos de esta zona coinciden al señalar a la progresiva bajada de población como explicación de la diferencia con Barbanza. Mas si se pone el foco en la localidad noiesa, hay casos similares. En el Campo de San Alberto no tienen problemas de saturación, pero tal y como indicaron desde la dirección, «a costa do aumento do horario do profesorado».

Combatir el problema desde la raíz (Sálvora- Opinión)

Independientemente de los factores poblacionales que pueden variar cada año, la realidad es que hay demasiados profesionales de la educación denunciando lo mismo: que se fijen los máximos de la ratio en 30 jóvenes, en la ESO. Detrás de todo esto hay una clara motivación económica derivada de una progresiva reducción de los recursos -recortes, sin eufemismos-, que está en mano de la Administración revertir con fondos para más profesorado y así garantizar una mejor atención individualizada.

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