Crónica del rescate de un fragmento de la historia de A Pobra

El Museo Valle-Inclán impulsa la restauración de piezas culturales, la última de ellas una talla del siglo XVIII


ribeira / la voz

Cuando uno piensa en un museo es relativamente fácil recrear la imagen de una sala en la que se exhiben piezas parapetadas en vitrinas, pero en realidad esta es solo una de las funciones que deben cumplir este tipo de instituciones. El verdadero trabajo y labor de conservación parte antes de esta escena en las salas que el público no ve, aquellas donde se impulsa la restauración de obras como la de una talla barroca que, tras pasar por manos de los expertos de una firma especializada -Alpha Restauración-, dejó de ser un mero querubín de un conjunto escultórico para revelar su verdadera identidad: un san Juan evangelista del siglo XVIII.

«Dentro das nosas liñas de traballo prioritarias temos o rescate do patrimonio cultural vinculable co autor e coa súa literatura, para respectar en todo momento o carácter especializado da casa museo»

«Dentro das nosas liñas de traballo prioritarias temos o rescate do patrimonio cultural vinculable co autor e coa súa literatura, para respectar en todo momento o carácter especializado da casa museo», indicó el director de esta, Antonio González, de las distintas actuaciones de restauración en la que invierten una parte importante de su presupuesto, por lo que cada una debe tener probada su importancia.

Precisamente, el caso del san Juan permite comprender el valor histórico de recuperar piezas que a priori no destacan. El que según distintos autores se creía que formaba parte del conjunto de un paso de Semana Santa de la parroquia de O Caramiñal, un ángel típico de las procesiones del jueves santo, acabó siendo una representación de un retablo, creada entre 1750 y 1760 por algún integrante de la escuela compostelana o, incluso, de un taller noiés, donde por aquel entonces se seguían las tendencias artísticas de la capital gallega.

Devolver el colorido

Para identificar aquel error histórico de la talla del evangelista -generalmente se muestra escribiendo, pero también hay casos en los que sostiene un cáliz, como en la portada del Hostal dos Reis Católicos-, antes fue necesario someter a la obra a un proceso que abarcó varios meses. Tras la elaboración de un informe previo, que funciona como un diagnóstico del deterioro, y la propuesta del tratamiento a emplear en su recuperación se enviaron todos los recursos a la Dirección Xeral de Patrimonio. Una vez obtenido el visto bueno de la Xunta, la pieza fue trasladada a la empresa de la que la restauradora Ángeles Santiago es su titular.

Primero, los técnicos de Alpha Restauración realizaron una fase de consolidación para hacer frente a daños como desprendimientos de la pintura original -donde fue vital la minuciosa retirada de una capa de barniz del siglo XX-, hendiduras en la madera e incluso la carencia de pequeñas partes como varios dedos. Luego tuvieron lugar las tareas de limpieza donde se diferenciaron las zonas intactas y, tras reproducir parte de la policromía irrecuperable se aplicó un barniz neutro.

También se descubrió que la peana era una suerte de apaño realizado en el siglo XIX, aprovechando dos repisas claveteadas, que se restauraron y se exhiben en el museo.

Una obra centenaria usada como trampilla

 La suma de una mala conservación del patrimonio cultural con la labor de recuperación del museo Valle-Inclán ha propiciado curiosas anécdotas, como la de un vítor en soporte de madera de castaño y rótulo de pan de oro de 1829 -una mención honorífica a un personaje notorio que se escribía sobre papel, madera o piedra- cuyos trozos se habían estado usando durante años como una trampilla de entrada al desván de una casa.

Se trataba de un vítor en honor a Manuel Fernández Varela, comisario general de la Santa Cruzada en la corte de Fernando VII, un cargo que equivaldría al de ministro o consejero. Esta es la fuente de información más completa del ilustre pobrense que da nombre a una escuela y a una calle del municipio.

El banco prohibido

Otra curiosidad fruto de la restauración es el banco de madera de castaño que data, aproximadamente, del 1770, y que se encontraba en la iglesia de O Caramiñal. Hace cientos de años, este asiento motivó pleitos judiciales entre los señores del Caramiñal, los vizcondes de As Xunqueiras, y el pueblo pobrense. Los aristócratas tenían reservado este banco a cambio del mantenimiento del templo. Por aquel entonces, el vulgo asistía a misa en pie y alguien cometió la «osadía» de sentarse en propiedad ajena.

El Museo Valle-Inclán también emprendió restauraciones de gran calado, como la que necesitó de una lente del siglo XIX para recuperar la joya de su colección de aparatos precinematográficos que fue Medalla de Oro en la Exposición Internacional de París de 1879, el praxinoscopio.

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